Dos salas
La tienda del tabernáculo estaba dividida por el velo en dos salas. La de delante, el lugar santo, tenía tres muebles de oro: la mesa de los panes al norte, el candelabro al sur y, ante el velo, el altar del incienso. La del fondo, el lugar santísimo, tenía uno solo: el arca con el propiciatorio Éxodo 26:33-35. El texto no da sus medidas; las reconstrucciones deducen, a partir de las tablas y las cortinas, una sala de delante de veinte codos y un santísimo cúbico de diez.
La santidad del espacio aumentaba hacia dentro: el pueblo llegaba al atrio, los sacerdotes entraban a diario en el lugar santo, y en el santísimo solo el sumo sacerdote, una vez al año Levítico 16:2, en el día de la Expiación, para hacer expiación por el santuario, por los sacerdotes y por todo el pueblo Levítico 16:29-34.
Un cubo de oro
El templo de Salomón reprodujo la división. Al fondo de la casa se construyó el santuario interior, el debir, un cubo de veinte codos de largo, ancho y alto, revestido de oro, para poner allí el arca 1 Reyes 6:16-20. En la dedicación, los sacerdotes meten el arca bajo las alas de dos grandes querubines, y la nube llena la casa 1 Reyes 8:6-11. Ezequiel, en su visión del templo futuro, ve al ángel entrar solo en la sala interior y decir: «Este es el lugar santísimo» Ezequiel 41:3-4.
En la carta a los Hebreos
La carta a los Hebreos describe las dos salas del tabernáculo y el rito anual del sumo sacerdote, y lo lee como figura: Cristo, como sumo sacerdote, entró «una vez para siempre en el lugar santísimo», no con sangre de machos cabríos sino con su propia sangre Hebreos 9:1-12. Ver también velo.