Un patio de cortinas
En el tabernáculo, el atrio es un rectángulo de cien codos por cincuenta, cercado por cortinas de lino torcido colgadas de columnas, con una sola entrada al oriente cerrada por una cortina de colores Éxodo 27:9-18. El cerco tenía cinco codos de alto: impedía ver el interior, pero no era un muro. La descripción completa del recinto está en la ficha del tabernáculo.
Dentro del atrio estaban el altar de los holocaustos y la fuente de bronce. Era la zona de trabajo del culto, y la parte a la que llegaba el pueblo: el israelita traía su animal a la puerta, ponía la mano sobre su cabeza y lo degollaba él mismo ante Jehová Levítico 1:3-5.
Los atrios del templo
El templo de Salomón tenía un atrio interior, construido con tres hileras de piedra labrada y una de vigas de cedro 1 Reyes 6:36, y un atrio grande exterior 2 Crónicas 4:9. En los salmos, los atrios son la imagen del lugar donde se está cerca de Dios: «Anhela mi alma y aun ardientemente desea los atrios de Jehová» Salmos 84:1-2; «mejor es un día en tus atrios que mil fuera de ellos» Salmos 84:10; «entrad… por sus atrios con alabanza» Salmos 100:4. Ezequiel, en su visión del templo futuro, recorre y mide un atrio exterior y uno interior con sus puertas y cámaras Ezequiel 40:17-19.
El atrio de los gentiles
El templo que conoció Jesús, agrandado por Herodes, tenía una sucesión de patios, cada uno más restringido que el anterior. El más exterior y extenso estaba abierto a todos, también a los no judíos; de ahí el nombre tradicional de «atrio de los gentiles». Más adentro, una balaustrada con inscripciones advertía a los extranjeros que no pasaran bajo pena de muerte. Ese límite está detrás del tumulto de Hechos 21: acusan a Pablo de haber introducido griegos en el templo y lo arrastran fuera Hechos 21:28-30.
El Apocalipsis, al medir el templo, deja fuera el atrio exterior porque «ha sido entregado a los gentiles» Apocalipsis 11:2.