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Dracma

También: Dracmas · Las dos dracmas · Didracma · Estatero

Moneda griega de plata de valor parecido al denario romano: más o menos el jornal de un día. Aparece en la parábola de la mujer que busca una dracma perdida y, doblada, en el impuesto anual del templo, «las dos dracmas», que correspondía al medio siclo de la ley.

En la Biblia

Los cobradores del templo preguntan a Pedro si su maestro no paga «las dos dracmas»; Jesús le manda pescar y hallar en el pez un estatero, «tómalo, y dáselo por mí y por ti» (Mateo 17:24-27): una moneda de cuatro dracmas, justo el impuesto de dos personas.

Etimología

Del griego δραχμή drachmḗ, de drássomai, «agarrar con la mano»: en origen, «un puñado» de los antiguos asadores de metal usados como valor. Didrachmon es «moneda de dos dracmas», y el statḗr valía cuatro.

La dracma perdida

Entre las parábolas de lo perdido, Lucas pone junto a la oveja y al hijo la de una mujer que tiene diez dracmas y pierde una: enciende la lámpara, barre la casa, busca con cuidado hasta encontrarla, y llama a sus vecinas para celebrarlo. «Así os digo que hay gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente» Lucas 15:8-10.

La dracma valía más o menos lo mismo que el denario, el jornal de un día. Diez dracmas no eran una fortuna, pero sí unos ahorros de casa: perder una era perder la décima parte.

Las dos dracmas: el impuesto del templo

La ley pedía que cada israelita de veinte años en adelante diera «medio siclo, conforme al siclo del santuario», como ofrenda para el servicio del tabernáculo; el rico no daba más ni el pobre menos Éxodo 30:11-16. En tiempos de Jesús esa ofrenda se había convertido en un impuesto anual para el templo de Jerusalén, que pagaban los judíos de Palestina y de la diáspora. Su equivalente en moneda griega eran dos dracmas.

Por eso en Cafarnaúm los cobradores preguntan a Pedro: «¿Vuestro Maestro no paga las dos dracmas?». Jesús le pregunta a su vez si los reyes cobran tributo a sus hijos o a los extraños, y concluye que los hijos están exentos; pero, «para no ofenderles», manda a Pedro echar el anzuelo: en la boca del primer pez hallará un estatero, una moneda de cuatro dracmas, que basta para los dos Mateo 17:24-27.

¿Dracmas en el Antiguo Testamento?

La Reina-Valera habla de «dracmas de oro» en las listas del regreso del exilio: los jefes de familia dieron para la obra «sesenta y un mil dracmas de oro» Esdras 2:69, y el gobernador, «mil dracmas de oro» Nehemías 7:70-72.

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