El nombre dice quién eres
Para nosotros, un nombre suele ser una elección de los padres por gusto. En el mundo bíblico, el nombre decía algo de la persona, de las circunstancias de su nacimiento o de su destino. Por eso, cuando Adán pone nombre a los animales, está ejerciendo autoridad sobre ellos Génesis 2:19-20. Y por eso Dios cambia los nombres cuando cambia la vida de alguien:
- Abram → Abraham: «porque te he puesto por padre de muchedumbre de gentes» Génesis 17:5.
- Jacob → Israel: tras luchar toda la noche, «porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido» Génesis 32:27-28.
- Simón → Pedro: «tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia» Mateo 16:17-18.
El nombre es también la fama. Los constructores de Babel quieren edificar una torre «y hagámonos un nombre» Génesis 11:4: buscan gloria propia. Pocos capítulos después, Dios promete a Abram: «engrandeceré tu nombre» (Génesis 12:2). La fama que se intenta conquistar, Dios la regala.
El nombre de Dios
Cuando Moisés pregunta a Dios su nombre, recibe la respuesta «YO SOY EL QUE SOY» y el nombre propio, Jehová: «este es mi nombre para siempre; con él se me recordará por todos los siglos» Éxodo 3:13-15. Conocer el nombre de Dios es conocerlo a él; por eso la ley manda: «No tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano» Éxodo 20:7.
El nombre representa la presencia de Dios. Deuteronomio no dice que Dios viva en el templo, sino que escogerá un lugar «para poner allí su nombre» Deuteronomio 12:5. Y cuando el salmista dice que Dios lo guía «por amor de su nombre» Salmos 23:3, quiere decir: porque Dios es fiel a quien es.
«En el nombre de Jesús»
En el Nuevo Testamento, el nombre de Jesús ocupa ese mismo lugar. Pedro sana al cojo del templo: «en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda» Hechos 3:6, y explica ante el Sanedrín que «no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos» Hechos 4:12. Los creyentes oran, bautizan, sanan y se reúnen en su nombre, y Pablo dice que Dios le dio «un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla» Filipenses 2:9-10.
Hacer algo «en el nombre» de alguien es hacerlo con su autoridad, como su representante, invocando su presencia. Por eso el Padrenuestro empieza pidiendo que el nombre de Dios sea «santificado» Mateo 6:9: que sea reconocido como santo, que Dios sea tratado como lo que es.
El nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu
Mateo 28:19 manda bautizar «en el nombre» —en singular, no «los nombres»— del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo Mateo 28:19. Ese nombre único es el que los apóstoles invocan en todos los bautismos de Hechos: «en el nombre de Jesucristo» Hechos 2:38, el nombre «sobre todo nombre» en que se revela el único Dios Filipenses 2:9-10. Ver «Bautismo».