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Tamuz

También: Dumuzi · Endechar a Tamuz · Adonis

Dios mesopotámico de la vegetación y los pastores, que según el mito moría y bajaba al mundo de los muertos cada año. Su muerte se lloraba con lamentos rituales. Ezequiel ve en visión a mujeres de Jerusalén «endechando a Tamuz» a la entrada del templo, entre las abominaciones que provocan la salida de la gloria de Dios.

En la Biblia

«Y me llevó a la entrada de la puerta de la casa de Jehová, que está al norte; y he aquí mujeres que estaban allí sentadas endechando a Tamuz» (Ezequiel 8:14).

Etimología

Del acadio Dumuzu, del sumerio Dumuzi, «hijo fiel» o «hijo legítimo». El cuarto mes del calendario babilónico llevaba su nombre, y el calendario judío lo conserva todavía como mes de Tamuz (junio-julio).

Abominaciones en el templo

En el año sexto del destierro, el profeta Ezequiel, que vivía entre los deportados en Babilonia, es llevado en visión a Jerusalén. Dios le muestra, paso a paso, lo que se hace en el templo, y cada escena es peor que la anterior: una imagen que provoca los celos de Dios junto a la puerta del altar; setenta ancianos ofreciendo incienso a imágenes pintadas en la pared; mujeres llorando a Tamuz; y veinticinco hombres de espaldas al templo, postrados hacia el oriente adorando al sol Ezequiel 8:5-18.

La tercera escena dice: «Y me llevó a la entrada de la puerta de la casa de Jehová, que está al norte; y he aquí mujeres que estaban allí sentadas endechando a Tamuz» Ezequiel 8:14. Es la única mención de este dios en la Biblia.

A quién lloraban

Tamuz, el Dumuzi sumerio, era un dios pastor, esposo de la diosa Inanna (Ishtar). Según el mito, murió y bajó al mundo de los muertos, y algunas versiones lo hacen volver durante una parte del año, en relación con el ciclo de la vegetación: la hierba que se seca en el verano y vuelve a brotar. Su muerte se lloraba cada año, sobre todo por mujeres, con cantos de lamento.

La gloria se va

La visión de Ezequiel no termina en las abominaciones. Termina con algo más grave: la gloria de Jehová se levanta del templo, se detiene a la puerta oriental Ezequiel 10:18-19 y finalmente se marcha al monte que está al oriente de la ciudad Ezequiel 11:22-23. Dios abandona el santuario profanado antes de que Babilonia lo destruya. El llanto por un dios ligado al ciclo de la naturaleza ocupaba el lugar del Dios vivo.

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