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Paz

También: Shalom · Eirḗnē · Paz a vosotros · Príncipe de paz · Reconciliación

En la Biblia, la paz —shalom— es mucho más que la ausencia de guerra: es el estado de lo que está completo y en orden, la salud, la prosperidad, la seguridad y las relaciones justas entre las personas y con Dios. Es un saludo de todos los días y una promesa para el final de los tiempos. En el Nuevo Testamento, la paz es la reconciliación que Dios ofrece en Cristo.

En la Biblia

La bendición sacerdotal termina: «Jehová alce sobre ti su rostro, y ponga en ti paz» (Números 6:26). Isaías llama al niño prometido «Príncipe de paz» (Isaías 9:6). Jesús saluda a sus discípulos resucitado: «Paz a vosotros» (Juan 20:19). Pablo escribe: «justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios» (Romanos 5:1).

Etimología

Del latín pax, emparentado con pactum, «pacto»: la paz romana era un acuerdo que ponía fin a la guerra. El hebreo שָׁלוֹם shalom viene de una raíz que significa «estar completo, entero», la misma de shillem, «pagar, restituir»: hay shalom cuando no falta nada. El griego del Nuevo Testamento usa eirḗnē, pero con el contenido amplio del hebreo.

¿Cómo está tu paz?

Shalom es una palabra de todos los días. Cuando José recibe a sus hermanos en Egipto sin darse a conocer, les pregunta «¿Vuestro padre… lo pasa bien? ¿Vive todavía?», y lo que el hebreo dice literalmente es «¿está en paz vuestro padre?» Génesis 43:27-28. Preguntar por la paz de alguien es preguntar por su salud, su familia, su situación. Todavía hoy el saludo hebreo es shalom, y el árabe, de la misma raíz, salam.

Plenitud, no solo tregua

Shalom es el estado en que no falta nada. Por eso se asocia a la bendición: la bendición que los sacerdotes pronuncian sobre Israel culmina en «y ponga en ti paz» Números 6:24-26. Gedeón, aterrado tras ver al ángel, oye de Dios «Paz a ti; no tengas temor», y levanta un altar que llama «Jehová-salom», «Jehová es paz» Jueces 6:23-24.

La paz también va unida a la justicia. Un salmo imagina a las dos besándose Salmos 85:10. Por eso los profetas denuncian una paz falsa: los líderes de Jerusalén curan la herida del pueblo con liviandad, «diciendo: Paz, paz; y no hay paz» Jeremías 6:14, cuando hay injusticia y el juicio se acerca.

La paz prometida

Los profetas proyectan el shalom hacia el futuro. Isaías ve a las naciones subir a Jerusalén y convertir las espadas en azadones: «no alzará espada nación contra nación» Isaías 2:4. Y el niño que nacerá se llamará «Príncipe de paz», y la paz de su reino no tendrá límite Isaías 9:6-7.

Jeremías, en cambio, da a los desterrados en Babilonia un consejo inesperado: procurar la paz de la ciudad enemiga donde viven, «porque en su paz tendréis vosotros paz» Jeremías 29:7.

La paz de Jesús

Jesús llama bienaventurados a los que hacen la paz Mateo 5:9. Antes de su muerte, deja a sus discípulos una paz distinta de la del mundo: «La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da» Juan 14:27. Y resucitado, su primera palabra al entrar donde estaban encerrados es el saludo de todos los días cargado de sentido nuevo: «Paz a vosotros» Juan 20:19-21.

Pablo convierte la paz en un término de la salvación: «justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios» Romanos 5:1. Y en Efesios, Cristo «es nuestra paz» porque ha derribado la pared que separaba a judíos y gentiles Efesios 2:14-17. La paz es reconciliación con Dios y entre pueblos.

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