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Esperanza

También: Esperar en Dios · Tiqvá · Elpís · Esperanza viva

En la Biblia, la esperanza no es un optimismo vago ni un deseo incierto, sino la espera confiada en lo que Dios ha prometido y todavía no se ha cumplido. Se apoya en su fidelidad pasada. En el Antiguo Testamento se dirige a la restauración de Israel; en el Nuevo, a la venida de Cristo, la resurrección y la renovación de todas las cosas. Con la fe y el amor, Pablo la cuenta entre lo que permanece.

En la Biblia

Jeremías transmite a los desterrados que Dios tiene para ellos pensamientos «de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis» (Jeremías 29:11). Lamentaciones, en medio de la ruina, dice: «Bueno es Jehová a los que en él esperan» (Lamentaciones 3:21-26). Pablo escribe que «la esperanza no avergüenza» (Romanos 5:5) y que permanecen «la fe, la esperanza y el amor» (1 Corintios 13:13).

Etimología

Del latín sperare, «esperar». El hebreo usa sobre todo qavá, «esperar, aguardar con tensión», cuyo sustantivo tiqvá significa «esperanza» y también «cuerda»: el cordón de grana que Rajab ata a su ventana se llama así. Usa además yajal, «aguardar», y batáj, «confiar». El griego elpís significaba en el mundo clásico cualquier expectativa, buena o mala; en el Nuevo Testamento es siempre la expectativa del bien que Dios dará.

Esperar es aguardar

La palabra hebrea más frecuente para esperar, qavá, describe la tensión de quien aguarda algo que todavía no llega. El Salmo 130 lo expresa con una imagen de guardia nocturna: «Mi alma espera a Jehová más que los centinelas a la mañana» Salmos 130:5-6. El centinela no duda de que amanecerá, pero la noche sigue ahí.

Una curiosidad del hebreo lo hace visible: tiqvá, «esperanza», es también la palabra para el cordón de grana que Rajab ata a su ventana como señal para ser salvada cuando caiga Jericó Josué 2:18-21. La esperanza es algo a lo que uno se agarra.

Esperanza en la crisis

La esperanza bíblica aparece sobre todo en los momentos más oscuros. Job, en su dolor, envidia al árbol cortado, que puede volver a retoñar, mientras que el hombre muere y no se levanta Job 14:7-10. El salmista discute con su propia alma abatida: «¿Por qué te abates, oh alma mía…? Espera en Dios» Salmos 42:5.

Tras la destrucción de Jerusalén, Lamentaciones encuentra un único asidero: «Esto recapacitaré en mi corazón, por lo tanto esperaré. Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos» Lamentaciones 3:21-26. La esperanza no niega la ruina; se apoya en la fidelidad de Dios en medio de ella. Jeremías escribe a los desterrados en Babilonia que Dios tiene para ellos planes de paz, «para daros el fin que esperáis» Jeremías 29:11, e Isaías promete que los que esperan a Jehová «tendrán nuevas fuerzas» Isaías 40:31.

Lo que no se ve

En el Nuevo Testamento, la esperanza se orienta hacia lo que Dios hará al final: la venida de Cristo, la resurrección, la gloria. Pablo lo define así: «la esperanza que se ve, no es esperanza… Pero si esperamos lo que no vemos, con paciencia lo aguardamos» Romanos 8:24-25. Y la une al sufrimiento: la tribulación produce paciencia, la paciencia prueba, la prueba esperanza, «y la esperanza no avergüenza» Romanos 5:2-5.

A los tesalonicenses, preocupados por los creyentes que han muerto, les escribe que no se entristezcan «como los otros que no tienen esperanza», porque Dios traerá con Jesús a los que durmieron en él 1 Tesalonicenses 4:13-14. Pedro habla de una «esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos» 1 Pedro 1:3, y la carta a los Hebreos la compara con un ancla del alma, segura y firme Hebreos 6:18-19.

Fe, esperanza y amor

Pablo agrupa tres palabras que desde entonces van juntas en el vocabulario cristiano: «ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor» 1 Corintios 13:13.

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