La distancia está construida en el edificio, y el texto la reparte en tres tramos.
Cualquier israelita llegaba a la puerta del atrio: allí presentaba su animal, ponía la mano sobre él y lo degollaba él mismo Levítico 1:3-5. La ley llegó a exigir que toda matanza de res se hiciera precisamente ahí Levítico 17:3-5. El patio no era un mirador: era donde el oferente trabajaba.
Los sacerdotes cruzaban a la tienda para el servicio diario: encender las lámparas desde la tarde hasta la mañana Éxodo 27:20-21 y quemar el incienso al preparar y al encender esas lámparas Éxodo 30:7-8. Entraban a diario, pero solo hasta el velo, y nunca sin sus vestiduras sacerdotales, que eran condición para oficiar Éxodo 28:43. El propio santuario, con cada uno de sus muebles, había sido consagrado con el aceite de la unción Éxodo 40:9-11.
Detrás del velo, un hombre y un día. La orden es explícita y la razón también: que Aarón no entre en todo tiempo al santuario, para que no muera Levítico 16:2; una vez al año, con el rito de la expiación Levítico 16:29-34. Ver expiación y sacerdocio.
Obra de arte
Y un cuarto grupo que no entra pero manda: los levitas, encargados de transportarlo, montarlo y guardarlo, con prohibición expresa de oficiar —el extraño que se acercara moriría Números 1:50-51Números 3:5-10.