Miriam y Aarón hablan contra Moisés. El motivo declarado es su esposa cusita Números 12:1. Pero la queja de fondo sale en la frase siguiente: «¿Solamente por Moisés ha hablado Jehová? ¿No ha hablado también por nosotros?» Números 12:2.
El texto intercala una nota que parece puesta ahí para que el lector mida la distancia entre la queja y la realidad: «Y aquel varón Moisés era muy manso, más que todos los hombres que había sobre la tierra» Números 12:3.
Dios escucha, y los convoca a los tres a la puerta del tabernáculo Números 12:4. Desciende en la columna de nube, llama a Miriam y a Aarón solos, y les dice: «Oíd ahora mis palabras. Cuando haya entre vosotros profeta de Jehová, le apareceré en visión, en sueños hablaré con él. No así a mi siervo Moisés, que es fiel en toda mi casa. Cara a cara hablaré con él, y claramente, y no por figuras; y verá la apariencia de Jehová. ¿Por qué, pues, no tuvisteis temor de hablar contra mi siervo Moisés?» Números 12:6-8.
La nube se aparta, y Miriam aparece leprosa, blanca como la nieve Números 12:10.
Aarón no recibe la lepra. Se vuelve a Moisés y suplica: «¡Ah! señor mío, no pongas ahora sobre nosotros este pecado; porque locamente hemos actuado, y hemos pecado» Números 12:11. Pide que Miriam no quede «como el que nace muerto» Números 12:12. Y Moisés clama a Dios: «Te ruego, oh Dios, que la sanes ahora» Números 12:13.
Dios responde que Miriam sea excluida del campamento siete días, y luego será admitida de nuevo Números 12:14-15. Todo el pueblo espera hasta que ella vuelve.