La primera audiencia no lleva señales. Moisés y Aarón entran ante el faraón y transmiten el mensaje: «Jehová el Dios de Israel dice así: Deja ir a mi pueblo a celebrarme fiesta en el desierto» Éxodo 5:1. La respuesta es el desprecio: «¿Quién es Jehová, para que yo oiga su voz y deje ir a Israel? Yo no conozco a Jehová, ni tampoco dejaré ir a Israel» Éxodo 5:2.
En vez de liberar, el faraón castiga: ese mismo día les quita la paja a los esclavos y les exige la misma cuota de ladrillos Éxodo 5:6-8. Los capataces hebreos los encuentran y los culpan de lo ocurrido Éxodo 5:20-21. El primer intento empeora las cosas.
Dios los manda de vuelta con una señal. Le dice a Moisés: «Cuando Faraón os responda diciendo: Mostrad milagro; dirás a Aarón: Toma tu vara, y échala delante de Faraón, para que se haga culebra» Éxodo 7:9. Aarón la arroja y la vara se convierte en serpiente Éxodo 7:10.
Los magos de Egipto hacen lo mismo con sus encantamientos: cada uno echa su vara y se vuelven serpientes. Pero la de Aarón se traga a las de ellos Éxodo 7:11-12. El detalle importa porque es el primero de una serie: los magos pueden imitar las señales, pero no superarlas. El corazón del faraón se endurece y no los escucha Éxodo 7:13.