Después de la crisis del becerro — y después de la construcción del tabernáculo con todos sus utensilios — llega el momento de inaugurar el sacerdocio. Dios le dice a Moisés: «Toma a Aarón y a sus hijos con él, y las vestiduras, el aceite de la unción, el becerro de la expiación, los dos carneros y el canastillo de los panes sin levadura» Levítico 8:2.
El acto de consagración dura siete días Levítico 8:33-35. Moisés lava a Aarón, lo viste pieza por pieza, le pone las vestiduras sagradas, vierte aceite de la unción sobre su cabeza Levítico 8:6-12, sacrifica el becerro de la expiación, el carnero del holocausto y el carnero de la consagración, y aplica sangre del carnero en la oreja derecha, el pulgar derecho y el dedo gordo del pie derecho de Aarón y de sus hijos Levítico 8:22-24.
Al octavo día, Aarón ofrece por primera vez con sus propias manos: un becerro por su pecado, un carnero por su holocausto, y las ofrendas del pueblo Levítico 9:8-21. Cuando termina, alza las manos y bendice al pueblo Levítico 9:22. Moisés y Aarón entran juntos al tabernáculo; cuando salen, bendicen al pueblo, y entonces «la gloria de Jehová se apareció a todo el pueblo. Y salió fuego de delante de Jehová, y consumió el holocausto con las grosuras sobre el altar; y viéndolo todo el pueblo, alabaron, y se postraron sobre sus rostros» Levítico 9:23-24.
El fuego del cielo no solo quema la ofrenda: la ratifica. El culto que Aarón inaugura es aceptado.