Hay un pasaje que descoloca a cualquiera que lea Éxodo seguido. Justo después del episodio del becerro, se cuenta que Moisés tomaba la tienda y la plantaba fuera del campamento, lejos de él; que quien buscaba a Dios salía hasta allí; que la columna de nube se paraba a la puerta; que Dios hablaba con Moisés cara a cara, y que Josué, joven, no se apartaba de la tienda Éxodo 33:7-11.
El texto la llama «tienda de reunión», el mismo nombre. Pero el tabernáculo todavía no existe: se erigirá siete capítulos más adelante, el primer día del primer mes del año segundo Éxodo 40:17. Y cuando por fin se levanta, queda en el centro del campamento, no fuera; ahí no cabe ninguna conversación cara a cara, porque la gloria lo llena y ni Moisés puede entrar Éxodo 40:34-35.
Las dos tiendas tampoco sirven para lo mismo. La de Éxodo 33 es un sitio de consulta, sin altar, sin sacerdocio y sin sacrificios; la de Éxodo 40 es un santuario de culto con todo un sistema alrededor.