También llamado Vara de Leví, La vara que reverdeció
98Citas enlazadas
Un palo de caminar, sin más. La primera vez que el texto se fija en él, Aarón lo arroja delante del faraón y se convierte en un reptil que se traga los de los magos. Su hora grande llega mucho después, en el desierto, cuando el pueblo discute quién tiene derecho a acercarse a Dios y la disputa ya ha costado miles de muertos. La solución que da el relato no es un discurso sino una prueba muda: los jefes de las tribus dejan cada uno su vara, con su nombre escrito, delante del testimonio; a la mañana siguiente, la de Aarón ha echado brotes, ha florecido y ha dado almendras maduras. Esa vara no se devuelve a su dueño. Se queda en el santuario como señal, y el Nuevo Testamento la recuerda todavía guardada junto a las tablas y el maná, aunque otro texto dice que en el arca no había más que las tablas. Qué fue de ella después, no lo cuenta nadie.
Cronología
Su historia en 8 etapas. Toca una para ver sus hitos y de dónde sale cada dato.
Cómo leer las fechas y las procedencias
Intervalo del texto
Duración o distancia en el tiempo que da el propio texto, sin año.
Aproximada
Estimación habitual; el texto no da la fecha.
Discutida
Hay propuestas enfrentadas entre especialistas.
Procedencia de cada hito:
Antiguo Testamento · Cartas · Tradición.
Antes de la salida de Egipto
Ante el faraón
Intervalo del texto Antes de la salida de Egipto
Dios anuncia que el faraón pedirá una prueba: Aarón echará «tu vara» delante de él. Éxodo 7:8-9— antiguo testamento
La vara se vuelve un reptil y se traga las de los hechiceros. Éxodo 7:10-12— antiguo testamento
Intervalo del texto Los cuarenta años del desierto
Coré y doscientos cincuenta jefes disputan a Moisés y Aarón el derecho a acercarse a Dios. Números 16:1-3— antiguo testamento
La tierra se traga a los jefes de la revuelta y un fuego consume a los que ofrecían incienso. Números 16:31-35— antiguo testamento
Al día siguiente murmura toda la congregación; la mortandad se detiene cuando Aarón se pone con su incensario entre muertos y vivos. Números 16:41-48— antiguo testamento
El objeto de esta ficha no tiene nada de especial antes de que pase lo que pasa. Es una vara: un bastón de madera, de los que se llevaban en la mano para caminar o apoyarse. El texto nunca la describe: no da su tamaño, ni su madera, ni si tenía algún adorno.
Lo que sí hace el texto es dejar claro que era suyo. Cuando Dios prepara a Moisés y a Aarón para presentarse ante el faraón, les anuncia que el rey les pedirá una prueba, y la instrucción es que Aarón tome «tu vara» y la eche delante de él Éxodo 7:8-9. Así lo hacen: Aarón la arroja y se convierte en un reptil. Los sabios y hechiceros de Egipto hacen lo mismo con las suyas, pero la vara de Aarón se traga las de ellos Éxodo 7:10-12. El faraón no cede Éxodo 7:13.
Obra de arte
El rey en su trono y, en el suelo, el animal en que se ha convertido la varaEs una reproducción de 1901, en blanco y negro, de una miniatura que en el manuscrito va en color. La corte que pinta es la de un rey de la Europa medieval, no la de un faraón. Iluminador anónimo de la Hagadá de Sarajevo (reproducción de la Jewish Encyclopedia), La vara de Aarón ante el faraón, hacia 1350. Dominio público, vía
Wikimedia Commons.
Cómo encajan estas escenas en el conjunto de la salida se cuenta en el relato La salida de Egipto.
En las tres primeras plagas la orden sigue un mismo esquema: Dios habla a Moisés, Moisés se lo dice a Aarón, y es Aarón quien extiende la vara.
Para la primera, Aarón debe tomar su vara y extender la mano sobre los ríos, los canales y los estanques de Egipto, y el agua se vuelve sangre Éxodo 7:19-20. Para la segunda, extiende la mano con la vara sobre las aguas y suben las ranas Éxodo 8:5-6. Para la tercera, golpea con ella el polvo de la tierra y el polvo se convierte en piojos por todo el país Éxodo 8:16-17.
La tercera marca un límite. Los hechiceros, que habían imitado las dos primeras Éxodo 7:22Éxodo 8:7, esta vez no pueden, y son ellos quienes le dicen al faraón: «Dedo de Dios es este» Éxodo 8:18-19. Desde ahí la vara de Aarón desaparece del relato de las plagas: el granizo y la langosta llegan cuando es Moisés quien extiende la suya Éxodo 9:23Éxodo 10:13.
La historia que hace famosa esta vara empieza con una pregunta que no tiene nada que ver con bastones: quién tiene derecho a acercarse a Dios.
Coré, un levita, se alza con Datán, Abiram y doscientos cincuenta jefes de la congregación, y le echa en cara a Moisés y a Aarón que se hayan puesto por encima de todos, cuando toda la congregación es santa Números 16:1-3. Moisés propone una prueba: que al día siguiente cada uno se presente con su incensario ante el Señor, y que él muestre a quién ha escogido Números 16:5-7. El resultado es terrible. La tierra se traga a los jefes de la revuelta y a sus casas Números 16:31-33, y un fuego consume a los doscientos cincuenta que ofrecían incienso Números 16:35. Sus incensarios se laminan para cubrir el altar, como recordatorio de que ningún extraño que no sea de la descendencia de Aarón debe acercarse a ofrecer incienso Números 16:38-40.
No termina ahí. Al día siguiente es toda la congregación la que murmura contra Moisés y Aarón y los acusa de haber matado al pueblo del Señor Números 16:41. Estalla una mortandad que solo se detiene cuando Aarón corre con su incensario y se pone entre los muertos y los vivos Números 16:46-48. Han muerto catorce mil setecientos Números 16:49.
Es en ese punto, con el campamento lleno de muertos y la cuestión todavía abierta, cuando entra en escena la vara. Lo que queda por resolver no es si Aarón puede mandar, sino si el sacerdocio es cosa suya o de cualquiera. La prueba siguiente está pensada para contestar eso sin que muera nadie.
La instrucción es sencilla y muy concreta. Moisés debe recoger una vara de cada casa paterna, de cada uno de los jefes: doce varas, y escribir en cada una el nombre de su dueño Números 17:1-2. En la vara de Leví se escribe el nombre de Aarón Números 17:3. Luego se dejan todas en la tienda de reunión, delante del testimonio, que es el lugar donde Dios dice que se encuentra con ellos Números 17:4. La regla la anuncia Dios mismo: florecerá la vara del hombre que él escoja, y así se acabarán las quejas contra Moisés y Aarón Números 17:5.
Los jefes entregan sus varas, doce en total, y la de Aarón está entre ellas Números 17:6. Moisés las deja ante el Señor, en el tabernáculo del testimonio Números 17:7. Nadie hace nada más. Se espera a la mañana.
Esquema · reconstrucción a partir del texto
La tarde y la mañana: las varas delante del testimonioReconstrucción a partir de Números 17:4-9. El texto dice dónde se dejaron las varas y qué pasó con una, pero no cómo se colocaron ni en qué lugar de la fila estaba la de Aarón. Se dibujan doce, la cifra de Números 17:6; si la de Aarón era una de ellas o la decimotercera, se discute más abajo, en la escena. Ningún objeto arqueológico respalda esta imagen.
Obra de arte
Las varas en fila ante los objetos del santuario; los jefes señalan la que ha florecidoEl grabador pone el arca, el candelabro y la mesa al aire libre, todos juntos, y dibuja los querubines como angelotes. En el texto el arca estaba detrás del velo, sin que se viera desde fuera, y la forma de los querubines no está descrita. Augustin Hirschvogel, El florecimiento de la vara de Aarón, 1550. Dominio público, vía
Wikimedia Commons.
Al día siguiente Moisés entra en la tienda del testimonio. La vara de Aarón, la de Leví, ha brotado: ha echado brotes, ha abierto flores y ha dado almendras Números 17:8.
La frase no se queda en el milagro general. Nombra tres cosas, y son las tres fases por las que pasa una rama de almendro a lo largo de meses: la yema, la flor y el fruto ya formado. Aquí están todas a la vez, en un palo cortado, después de una sola noche.
Esquema · reconstrucción a partir del texto
Una vara con brotes, flores y almendras a la vezReconstrucción a partir de Números 17:8. El texto no da la longitud de la vara, ni de qué madera era, ni cómo se repartían brotes, flores y fruto a lo largo del palo: el orden de izquierda a derecha es el de la frase, no una descripción. Ningún objeto arqueológico respalda esta imagen.
Moisés saca entonces todas las varas de delante del Señor y las muestra al pueblo. Cada jefe mira la suya y cada uno toma la que le pertenece Números 17:9. El relato no lo dice por decir: las demás vuelven a sus dueños tal como se entregaron, secas. La prueba no ha castigado a nadie. Ha dejado a la vista una diferencia.
Obra de arte
Moisés, a la puerta del santuario, devuelve las varas a los jefes; una de ellas ha echado ramasEl grabador pinta la vara de Aarón con un penacho de hojas. El texto habla de brotes, flores y almendras, no de follaje. Gerard Hoet y otros, La vara de Aarón florece (Figures de la Bible), 1728. Dominio público, vía
Wikimedia Commons.
La vara de Aarón no vuelve a su dueño. Dios manda a Moisés que la ponga otra vez delante del testimonio, guardada como señal para los rebeldes, para que cesen sus quejas y no mueran Números 17:10. Moisés lo hace Números 17:11. Desde ese día, en el santuario hay un objeto cuyo único trabajo es recordar cómo terminó una disputa.
La reacción del pueblo no es de alivio. Es de miedo: el pueblo le dice a Moisés que están perdidos, que van a morir todos. Cualquiera que se acerque al tabernáculo morirá; ¿vamos a acabar pereciendo todos? Números 17:12-13. Después de Coré, del fuego y de la plaga, la conclusión que sacan es que el santuario es un peligro mortal para todos.
La respuesta llega en el capítulo siguiente, y es la otra cara de la vara. Dios le dice a Aarón que él y sus hijos cargarán con el pecado del santuario y del sacerdocio Números 18:1; que los levitas los asistirán y guardarán la tienda Números 18:2-4; y que el extraño que se acerque morirá Números 18:7. Es decir: el acceso queda limitado, pero también protegido. Hay alguien encargado de ponerse en medio para que la ira no vuelva a caer sobre los hijos de Israel Números 18:5.
La vara vuelve a asomar, quizá, poco antes del final del viaje. En Meriba falta el agua y Dios le dice a Moisés que tome «la vara» y hable a la peña delante del pueblo Números 20:8. Moisés toma la vara «de delante del Señor», como se le mandó Números 20:9, reúne a la congregación, la increpa y golpea la roca dos veces con «su vara» Números 20:10-11.
Después de Números, el Antiguo Testamento no vuelve a nombrar la vara de Aarón. La siguiente vez que aparece es en la carta a los Hebreos, siglos más tarde, cuando el autor describe el santuario y enumera lo que había en el arca: la urna de oro con el maná, la vara de Aarón que reverdeció y las tablas del pacto Hebreos 9:4.
Ese «dentro» no coincide con los otros dos textos. Números la deja delante del testimonio Números 17:10, igual que la vasija del maná Éxodo 16:33-34, y el relato de la dedicación del templo es tajante: en el arca no había nada más que las dos tablas de piedra 1 Reyes 8:9. La diferencia se muestra arriba, en la tabla de fuentes, y no se resuelve: puede que la vara estuviera junto al arca y se la cuente con ella; puede que en algún momento se guardara dentro y en tiempos de Salomón ya no estuviera; o puede que Hebreos siga otra tradición. El texto no permite elegir.
Sobre esta vara el texto es preciso en lo que le importa y mudo en todo lo demás.
Relato paralelo
Relato paralelo
Qué añade, omite o cuenta distinto cada fuente. Las diferencias marcadas no
son erratas: son divergencias reales entre los textos.
Dónde se guardó la vara
Números la deja delante del testimonio, y Hebreos la pone dentro del arca. Entre medias, el relato del templo de Salomón dice que en el arca solo estaban las tablas. Los textos no coinciden y aquí no se los obliga a coincidir.
Números 17:10Moisés debe volver a poner la vara «delante del testimonio», guardada como señal para los rebeldes.
1 Reyes 8:9Cuando el arca entra en el templo, en ella no hay nada más que las dos tablas de piedra.
Hebreos 9:4En el arca estaban la urna de oro con el maná, la vara de Aarón que reverdeció y las tablas del pacto.