Qué significa «hacer expiación»
El verbo hebreo kipper aparece sobre todo en Levítico, casi siempre con el sacerdote como sujeto: «el sacerdote hará expiación por él, y será perdonado». Su sentido exacto se discute. Unos lo relacionan con «cubrir» —el pecado queda tapado a los ojos de Dios—; otros, con el acadio kuppuru, «limpiar, purgar» —el pecado deja una mancha que hay que eliminar—. Muchos estudiosos piensan que en Levítico lo que se limpia es, en primer lugar, el santuario, contaminado por las faltas y las impurezas del pueblo.
La sangre es el medio: «la vida de la carne en la sangre está, y yo os la he dado para hacer expiación sobre el altar» Levítico 17:11.
El gran día
Levítico 16 describe el rito del día más solemne del año. El sumo sacerdote, vestido solo de lino, entra en el lugar santísimo con una nube de incienso para no morir, y rocía la sangre de un becerro, por él y por su casa, y la de un macho cabrío, por el pueblo, sobre el propiciatorio y delante de él Levítico 16:11-16. Así se purifica el santuario «de las impurezas de los hijos de Israel».
Después viene el segundo macho cabrío. El sacerdote pone las manos sobre su cabeza, confiesa sobre él todas las iniquidades del pueblo y lo envía al desierto, «a Azazel» Levítico 16:20-22. Ese día todo Israel ayuna, «afligiendo sus almas» Levítico 16:29-31.
En el Nuevo Testamento
El Nuevo Testamento interpreta la muerte de Jesús con este vocabulario. Pablo dice que Dios lo puso «como propiciación por medio de la fe en su sangre», con la palabra griega hilastḗrion, que en la Septuaginta designa precisamente la tapa del arca, el propiciatorio Romanos 3:25. Juan lo llama «la propiciación por nuestros pecados» 1 Juan 2:2. Y Hebreos lee todo el día de la Expiación como figura: Cristo, sumo sacerdote, entra no en un santuario hecho por manos, sino en el cielo, «una vez para siempre», con su propia sangre Hebreos 9:11-12.