Aarón no desaparece con su muerte. Su nombre cruza la Escritura entera, y
cada autor lo toma desde un ángulo distinto.
Los Salmos lo recuerdan como intercesor y como símbolo de unidad. «Moisés y
Aarón entre sus sacerdotes» aparecen como los que invocaban a Dios y Dios les
respondía Salmo 99:6. El aceite que corre por su barba hasta
el borde de sus vestiduras se vuelve imagen de la armonía entre hermanos
Salmo 133:2. Miqueas lo nombra junto a Moisés y Miriam como
los tres que Dios envió delante de Israel: «Yo te hice subir de la tierra de
Egipto… y envié delante de ti a Moisés, a Aarón y a María»
Miqueas 6:4.
En el Nuevo Testamento, Aarón aparece en tres contextos. Primero, como
antepasado: Elisabet, la madre de Juan el Bautista, es «de las hijas de Aarón»
Lucas 1:5. El linaje sacerdotal sigue activo más de mil años
después.
Segundo, como modelo del llamado legítimo. Hebreos dice que nadie se toma la
honra del sacerdocio a sí mismo, «sino el que es llamado por Dios, como lo fue
Aarón» Hebreos 5:4. Lo que distingue a Aarón de Coré es que
no se autoproclamó: fue designado.