Seis muebles en total, y su reparto no es casual: cuanto más adentro, más valioso el metal. Bronce en el patio, plata en los cimientos de la tienda, oro dentro de ella. Nadie explica esa gradación en ninguna parte; está construida.
El altar de los holocaustos es lo primero que encuentra quien entra, y el mueble más grande del recinto: cinco codos por cinco y tres de alto Éxodo 27:1, unos 2,3 metros de lado. No es un bloque macizo, sino un cajón de tablas de acacia forrado de bronce y hueco por dentro Éxodo 27:8, porque también él tenía que viajar. En las cuatro esquinas lleva cuernos hechos de una pieza con el altar Éxodo 27:2; a media altura, una rejilla de bronce Éxodo 27:4-5; a los lados, anillos y varas Éxodo 27:6-7. Su equipo era todo de bronce: calderos, palas, tazones, garfios y braseros Éxodo 27:3. El fuego no se apagaba nunca Levítico 6:12-13.
Esos cuernos no son un adorno. A ellos se untaba con el dedo la sangre de la víctima Levítico 4:25. Siglos más tarde, dos hombres que temían por su vida se agarrarán a los cuernos de un altar buscando asilo: primero Adonías 1 Reyes 1:50-51, después Joab, que prefirió morir allí antes que soltarlos 1 Reyes 2:28-30. El texto no dice qué altar era; como este seguía entonces en Gabaón 1 Crónicas 21:29, lo más probable es que fuera el de la tienda que David levantó para el arca en Jerusalén 2 Samuel 6:17.
La fuente se colocaba entre el altar y la puerta de la tienda Éxodo 30:18. Es la única pieza del santuario de la que el texto no da ni medidas ni peso: dice de qué es —bronce, con su base—, dónde va y para qué sirve, y nada más. Los sacerdotes se lavaban en ella las manos y los pies antes de entrar o de acercarse al altar, y la razón que se da es seca: para que no mueran Éxodo 30:20-21. El relato de la fabricación añade un dato que no comenta: se hizo con los espejos de bronce de las mujeres que servían a la puerta de la tienda Éxodo 38:8.
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Pasada la cortina de la tienda ya no hay bronce. En el lugar santo hay tres muebles, y los tres son de oro.
La mesa de los panes: acacia cubierta de oro puro, dos codos de largo por uno de ancho y codo y medio de alto Éxodo 25:23-24, con una moldura alrededor, un reborde de un palmo Éxodo 25:25, sus anillos y varas Éxodo 25:26-28 y su vajilla, también de oro Éxodo 25:29. Encima iban doce panes en dos hileras de seis, con incienso puro sobre cada hilera Levítico 24:5-7. Se renovaban cada sábado, y los retirados se los comían los sacerdotes en el santuario Levítico 24:8-9. Doce panes, «por los hijos de Israel»: el número lo dice el texto.
El candelabro es la pieza más difícil de imaginar, y a propósito. Era de oro puro y estaba labrado a martillo de una sola pieza —tronco, brazos, copas y flores, todo batido, no ensamblado— Éxodo 25:31. De sus lados salían seis brazos, tres y tres, que con el tronco central suman las siete lámparas Éxodo 25:32Éxodo 25:37; las copas tenían forma de flor de almendro Éxodo 25:33-34, y con él iban despabiladeras y platillos de oro Éxodo 25:38. Se hizo con un talento de oro puro Éxodo 25:39, alrededor de 34 kg si el talento pesaba lo que suele estimarse. Pero el texto no da su altura, ni su anchura, ni la forma de su base: cualquier dibujo que las fije está decidiendo por él. Sus lámparas ardían desde la tarde hasta la mañana Éxodo 27:20-21.
El altar del incienso es el más pequeño de todos: un codo por un codo y dos de alto, de acacia cubierta de oro, con sus cuernos y sus varas Éxodo 30:1-5. Aarón quemaba perfume en él dos veces al día, al preparar las lámparas y al encenderlas Éxodo 30:7-8. Sobre él quedaba prohibido ofrecer incienso extraño, holocausto u ofrenda Éxodo 30:9, y una vez al año se le untaba sangre en los cuernos Éxodo 30:10. La fórmula de ese perfume era exclusiva del santuario: quien la copiara para olerla él quedaba cortado de su pueblo Éxodo 30:34-38.
Ilustración generada
Detrás del velo, en el lugar santísimo, hay un solo mueble: el arca, con su tapa de oro —el propiciatorio— y los dos querubines Éxodo 25:10-22. Es el cuarto más pequeño y el más vacío.
La gradación llega hasta los cimientos. Las columnas de la entrada del patio se asientan en basas de bronce Éxodo 27:17; las tablas de la tienda, en basas de plata Éxodo 26:19. Y esa plata tiene procedencia: los cien talentos de las basas salieron del medio siclo que pagó cada censado, uno por cabeza, y dieron exactamente cien basas, un talento cada una Éxodo 38:25-27. El santuario se apoya, literalmente, sobre el rescate contado del pueblo.