Después de cruzar el mar y llegar al desierto, Israel es atacado por los amalecitas en Refidim. Moisés sube a la cumbre de un collado con la vara de Dios en la mano. Mientras sus brazos están levantados, vence Israel; cuando los baja de cansancio, vence Amalec Éxodo 17:11. Aarón y Hur le sostienen los brazos — uno de cada lado — hasta que se pone el sol y Josué derrota a Amalec Éxodo 17:12-13.
Meses después, ya al pie del Sinaí, Dios convoca a Moisés, pero también a Aarón y a sus dos hijos mayores, Nadab y Abiú, junto con setenta ancianos Éxodo 24:1. Suben al monte y el texto dice algo extraordinario: «Vieron al Dios de Israel; y había debajo de sus pies como un embaldosado de zafiro, semejante al cielo cuando está sereno. Mas no extendió su mano sobre los principales de los hijos de Israel; y vieron a Dios, y comieron y bebieron» Éxodo 24:9-11.
Es la única vez en toda la Torá que un grupo come y bebe en presencia visible de Dios. Y Aarón está ahí.
Cuando Moisés sube más arriba para recibir las tablas — cuarenta días dentro de la nube — deja a Aarón y a Hur a cargo del pueblo: «Esperadnos aquí hasta que volvamos a vosotros; y he aquí Aarón y Hur están con vosotros; el que tuviere asuntos, acuda a ellos» Éxodo 24:14.