El altar de oro
Además del gran altar de bronce del patio, donde se quemaban los sacrificios, el tabernáculo tenía un altar pequeño de madera de acacia recubierta de oro, dentro del lugar santo, delante del velo que ocultaba el arca. Sobre él Aarón debía quemar incienso aromático cada mañana, al preparar las lámparas, y cada tarde, al encenderlas: «rito perpetuo delante de Jehová» Éxodo 30:1-10.
Una receta reservada
Éxodo da la fórmula: estacte, uña aromática y gálbano, con incienso puro, a partes iguales, sazonado con sal. Y la reserva para el culto: el que haga otro igual para olerlo «será cortado de entre su pueblo» Éxodo 30:34-38. El perfume era santo porque solo pertenecía al santuario.
La historia de Nadab y Abiú muestra lo serio que era. Los hijos de Aarón ponen fuego en sus incensarios y ofrecen «fuego extraño, que él nunca les mandó», y sale fuego de delante de Jehová que los consume Levítico 10:1-2. En la rebelión de Coré, doscientos cincuenta hombres que ofrecen incienso para reclamar el sacerdocio mueren igualmente Números 16:35.
Humo que cubre y que protege
En el día de la Expiación, el sumo sacerdote entraba en el lugar santísimo con un incensario lleno de brasas y dos puños de incienso, «y la nube del perfume cubrirá el propiciatorio… para que no muera» Levítico 16:12-13. El humo protege al que se acerca a lo más santo.
Y puede detener el juicio: cuando una mortandad se extiende por el campamento, Aarón corre con su incensario, se pone entre los muertos y los vivos, hace expiación por el pueblo «y cesó la mortandad» Números 16:46-48.
Incienso y oración
La imagen del humo que sube pasa a la oración. «Suba mi oración delante de ti como el incienso, el don de mis manos como la ofrenda de la tarde» Salmos 141:2. En el Nuevo Testamento, mientras Zacarías ofrece el incienso en el templo, «toda la multitud del pueblo estaba fuera orando a la hora del incienso», y un ángel se le aparece junto al altar Lucas 1:8-11. En el Apocalipsis, un ángel ofrece incienso ante el trono «con las oraciones de todos los santos», y el humo sube delante de Dios Apocalipsis 8:3-4.
Los magos de Oriente traen al niño oro, incienso y mirra Mateo 2:11, tres productos de lujo del comercio antiguo. La tradición cristiana los leyó después como símbolos —el oro del rey, el incienso de Dios, la mirra de la sepultura—, una interpretación que el texto de Mateo no hace.