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Primicias

También: Primeros frutos · Bikkurim · Aparjḗ · Gavilla mecida · Fiesta de las primicias

Los primeros y mejores frutos de la cosecha —la primera gavilla de cebada, los primeros panes de trigo, los primeros frutos de la tierra— que Israel debía llevar a Dios antes de disfrutar del resto. Reconocían que la tierra y lo que produce son de Dios. En el Nuevo Testamento, la palabra se usa como imagen: Cristo resucitado es las «primicias» de los que resucitarán.

En la Biblia

La primera gavilla de la siega se mece ante Dios al día siguiente del sábado de Pascua (Levítico 23:10-11), y cincuenta días después se ofrecen los panes de Pentecostés (Levítico 23:15-17). Deuteronomio describe la ceremonia de llevar la cesta de primicias al santuario (Deuteronomio 26:1-11). Pablo llama a Cristo «primicias de los que durmieron» (1 Corintios 15:20).

Etimología

Del latín primitiae, de primus, «primero». El hebreo usa reshit, «principio, lo primero» —la misma palabra de «en el principio» de Génesis 1:1—, y bikkurim, «primeros frutos maduros», emparentado con bekor, «primogénito». El griego dice aparjḗ, «lo primero que se aparta», palabra que en el mundo griego designaba también la primera porción ofrecida a los dioses.

Lo primero es de Dios

En una sociedad agrícola, los primeros frutos llegan después de meses de espera y cuando las reservas del año anterior se están agotando. La Ley manda que eso primero se entregue a Dios: «Las primicias de los primeros frutos de tu tierra traerás a la casa de Jehová tu Dios» Éxodo 23:16-19. La lógica es la misma que la de los primogénitos: lo primero pertenece a Dios y reconoce que todo viene de él. Proverbios lo formula como consejo: «Honra a Jehová con tus bienes, y con las primicias de todos tus frutos» Proverbios 3:9-10.

La gavilla y los panes

El calendario de Levítico marca dos momentos. Al empezar la siega de la cebada, en la semana de la Pascua, se lleva al sacerdote la primera gavilla, que él mece delante de Jehová; hasta entonces no se puede comer grano nuevo. Siete semanas después, al final de la siega del trigo, se presentan dos panes cocidos con levadura como primicias: es la fiesta de Pentecostés Levítico 23:10-17. Las primicias sostenían además a los sacerdotes, que recibían lo mejor del aceite, del vino y del trigo Números 18:12-13.

La cesta y el credo

Deuteronomio describe con detalle cómo el israelita lleva su cesta de primicias al santuario. El sacerdote la coloca ante el altar, y el que la trae recita una breve historia de su pueblo: «Un arameo a punto de perecer fue mi padre», que bajó a Egipto, fue oprimido, clamó a Dios, y Dios lo sacó con mano fuerte y le dio «esta tierra que fluye leche y miel». Y concluye: «ahora, he aquí he traído las primicias del fruto de la tierra que me diste, oh Jehová» Deuteronomio 26:1-11. El rito agrícola se convierte en una confesión de fe: la cosecha es la prueba de que Dios cumplió su promesa.

Primicias de la resurrección

El Nuevo Testamento usa la palabra como imagen de un comienzo que garantiza lo que viene. Si las primicias son lo primero de una cosecha que seguirá, Cristo resucitado es «primicias de los que durmieron»: su resurrección anuncia la de los demás, «cada uno en su debido orden: Cristo, las primicias; luego los que son de Cristo, en su venida» 1 Corintios 15:20-23.

Pablo usa la imagen también para el Espíritu, que los creyentes tienen como «primicias» de la redención completa que esperan Romanos 8:23, y para Israel: si las primicias son santas, también lo es la masa Romanos 11:16. Santiago llama a los creyentes «primicias de sus criaturas» Santiago 1:18, y el Apocalipsis, a los redimidos que siguen al Cordero, «primicias para Dios» Apocalipsis 14:4.

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