La medida de la cosecha
El efa era la medida corriente para el grano. Ezequiel la sitúa en el sistema: «El efa y el bato serán de una misma medida: que el bato tenga la décima parte del homer, y la décima parte del homer el efa» Ezequiel 45:10-11. Es decir, efa (para áridos) y bato (para líquidos) tenían la misma capacidad, y diez de cualquiera de ellos hacían un homer. Hacia abajo, el efa se dividía en diez gomeres: «un gomer es la décima parte de un efa» Éxodo 16:36.
El volumen real no se sabe con exactitud. Las estimaciones a partir de recipientes inscritos y de fuentes posteriores van de unos 22 a unos 36 litros. Lo que sí da el texto es una idea práctica: al final de una jornada entera espigando detrás de los segadores de Booz, Rut desgranó lo recogido «y fue como un efa de cebada» Rut 2:15-17, una cantidad generosa para una espigadora, porque Booz había mandado dejarle caer espigas a propósito.
Efa justo, efa falso
Como se medía con recipientes, el efa era también una ocasión de fraude: bastaba tener uno más grande para comprar y otro más pequeño para vender. La ley lo prohíbe expresamente. «No hagáis injusticia en juicio, en medida de tierra, ni en peso ni en otra medida. Balanzas justas, pesas justas y medidas justas tendréis» —literalmente, «efa justo» Levítico 19:35-36. El Deuteronomio añade: «ni tendrás en tu casa efa grande y efa pequeño», porque quien hace esto es «abominación a Jehová» Deuteronomio 25:13-16.
Siglos después, Amós acusa precisamente de eso a los comerciantes de Israel: esperan impacientes a que pase el sábado para abrir el grano, «y achicaremos la medida, y subiremos el precio, y falsearemos con engaño la balanza», para comprar a los pobres «por un par de zapatos» Amós 8:4-6. La medida falseada es, para el profeta, una forma de oprimir al pobre.