Hablar con Dios como con alguien
La oración bíblica es, ante todo, conversación. Abraham regatea con Dios por Sodoma, bajando de cincuenta justos a diez, con la audacia de quien sabe que habla con «el Juez de toda la tierra» Génesis 18:22-33. Moisés, tras el becerro de oro, suplica por el pueblo y le recuerda a Dios su promesa a los patriarcas; y el texto dice que Jehová «se arrepintió» del mal que había dicho Éxodo 32:11-14. La intercesión es una de las formas más características: el profeta o el jefe se pone entre Dios y el pueblo.
La oración puede ser también silenciosa y desesperada. Ana, estéril, ora en el santuario de Silo moviendo solo los labios, y el sacerdote Elí la toma por borracha 1 Samuel 1:10-13.
Los Salmos: orar con todo
El libro de los Salmos es la mejor ventana a lo que Israel se permitía decir a Dios. Hay himnos de alabanza y acción de gracias, pero una parte grande son lamentos: «¿Hasta cuándo, Jehová? ¿Me olvidarás para siempre?». Casi siempre el lamento termina en confianza, pero sin ocultar la queja Salmos 13:1-6. La oración bíblica no exige aparentar serenidad.
Lugar y hora
Salomón dedica el templo como el lugar hacia el cual Israel orará, y pide que Dios escuche desde los cielos 1 Reyes 8:28-30. En el exilio, lejos del templo, Daniel ora tres veces al día con las ventanas abiertas hacia Jerusalén Daniel 6:10. Jonás ora desde el vientre del pez Jonás 2:1-2: no hay lugar fuera del alcance de la oración.
Jesús y la oración
Jesús advierte contra la oración de exhibición y la de muchas palabras, y enseña a sus discípulos una oración breve: el Padrenuestro, que empieza santificando el nombre de Dios y pidiendo su reino antes de pedir el pan Mateo 6:5-13. Lucas lo sitúa como respuesta a un pedido: «Señor, enséñanos a orar» Lucas 11:1-4.
En Getsemaní ora con angustia y llama a Dios «Abba, Padre»; pide que pase la copa, pero termina: «no lo que yo quiero, sino lo que tú» Marcos 14:32-36. La oración no garantiza que se cumpla lo pedido; aquí es entrega.
En las primeras iglesias
Pablo pide a los filipenses que no se angustien por nada y presenten sus peticiones a Dios con acción de gracias Filipenses 4:6. En sus cartas, casi siempre, la primera sección es una oración por los destinatarios.