Cómo se contaban las horas
En tiempos de Jesús no había relojes como los nuestros. El tiempo de luz se dividía en doce partes iguales, contadas desde que salía el sol: Jesús lo da por sabido cuando pregunta «¿No tiene el día doce horas?» Juan 11:9. Como el día de luz es más largo en verano que en invierno, también las horas lo eran.
Para entender los textos sirve esta equivalencia aproximada, contando el amanecer hacia las seis de la mañana:
| El texto dice | Equivale más o menos a |
|---|---|
| hora primera | 7 de la mañana |
| hora tercera | 9 de la mañana |
| hora sexta | mediodía |
| hora novena | 3 de la tarde |
| hora undécima | 5 de la tarde, poco antes de anochecer |
La parábola de los obreros de la viña recorre casi todas: el dueño sale a contratar al amanecer, y otra vez a la hora tercera, a la sexta, a la novena y a la undécima, y paga a todos lo mismo Mateo 20:1-12. Los de la hora undécima solo trabajaron una hora.
Horas con sentido religioso
Algunas horas tenían un significado preciso. En Pentecostés, Pedro responde a los que creen que los discípulos están borrachos: «éstos no están ebrios, como vosotros suponéis, puesto que es la hora tercera del día» Hechos 2:15, las nueve de la mañana, demasiado pronto para haber bebido.
La hora novena era la de la oración de la tarde —según las fuentes judías de la época, la hora del sacrificio vespertino en el templo—: a esa hora suben Pedro y Juan al templo Hechos 3:1, y a esa hora ora Cornelio cuando ve al ángel Hechos 10:3. Pedro, en Jope, sube a orar a la azotea «cerca de la hora sexta» Hechos 10:9.
Las horas de la crucifixión
Marcos marca la crucifixión con horas: «Era la hora tercera cuando le crucificaron» Marcos 15:25; «cuando vino la hora sexta, hubo tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora novena», y a la novena Jesús clama en voz alta Marcos 15:33-34.
«Mi hora» en el evangelio de Juan
Juan usa «la hora» con un sentido propio. En Caná, Jesús dice a su madre: «Aún no ha venido mi hora» Juan 2:4. La frase se repite a lo largo del evangelio hasta que, poco antes de la Pasión, cambia: «Ha llegado la hora para que el Hijo del Hombre sea glorificado» Juan 12:23, y en la oración final: «Padre, la hora ha llegado; glorifica a tu Hijo» Juan 17:1. En Juan, «la hora» no es un momento del reloj, sino el tiempo de la muerte y la glorificación de Jesús.