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Targum

También: Targumes · Targumim · Tárgum · Targum de Onquelos · Targum de Jonatán

Traducción al arameo de un libro de la Biblia hebrea, hecha para los judíos que ya no entendían bien el hebreo. Se leía en voz alta en la sinagoga después del texto hebreo. Los targumes no son traducciones literales: a menudo explican, amplían o actualizan el texto, por lo que muestran cómo se entendía la Biblia en el judaísmo antiguo.

En la Biblia

Cuando Esdras lee la ley ante el pueblo, los levitas «leían en el libro de la ley de Dios claramente, y ponían el sentido, de modo que entendiesen la lectura» (Nehemías 8:8). La tradición judía vio en este pasaje el origen de la costumbre de traducir la lectura al arameo.

Etimología

Del arameo targum, «traducción, interpretación», del verbo tirgem, «traducir». La misma raíz aparece en el hebreo de Esdras 4:7, que dice que una carta al rey persa estaba en arameo y «traducida» (meturgam). De ella viene también turgemán, «intérprete», y a través del árabe la palabra española «trujamán».

Leer y explicar en la sinagoga

Después del exilio, el arameo fue sustituyendo al hebreo como lengua de la vida diaria entre los judíos. El hebreo seguía siendo la lengua de las Escrituras y del culto, pero mucha gente ya no lo entendía bien. Para que el pueblo comprendiera lo que se leía, se fue haciendo costumbre que, después de leer un pasaje en hebreo, alguien lo dijera en arameo. Esa traducción oral es el targum.

La escena que la tradición judía consideró su origen está en Nehemías. Esdras lee la ley desde una tarima de madera ante hombres, mujeres y todos los que podían entender, y los levitas ayudan: «leían en el libro de la ley de Dios claramente, y ponían el sentido, de modo que entendiesen la lectura» Nehemías 8:1-8. El texto no dice que tradujeran al arameo; la tradición rabínica lo leyó así.

Más que una traducción

Los targumes no traducen palabra por palabra. Con frecuencia aclaran expresiones difíciles, evitan atribuir a Dios rasgos humanos (en vez de «Dios bajó», dicen que «se reveló la gloria de Dios»), identifican personajes o lugares, o añaden explicaciones e historias. Son, a la vez, traducción y comentario.

Por eso son valiosos: muestran cómo leían e interpretaban la Biblia los judíos de la época del Segundo Templo y de los siglos siguientes. Los más conocidos son el Targum de Onquelos, sobre el Pentateuco, y el de Jonatán, sobre los Profetas, que se fijaron por escrito en los primeros siglos después de Cristo.

¿Conocía Jesús los targumes?

En la sinagoga de Nazaret, Jesús lee el rollo de Isaías y lo comenta Lucas 4:16-21. Los evangelios no mencionan los targumes, pero algunos especialistas han señalado coincidencias entre palabras de Jesús y la forma en que el targum entiende ciertos pasajes.

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