Al salir de la sinagoga de Capernaúm, el grupo entra en casa de Simón y Andrés
Marcos 1:29. Allí está la suegra de Simón, en cama con fiebre; Jesús la
toma de la mano, la levanta y ella se pone a servirles
Marcos 1:30-31. Es una escena breve y doméstica, pero fija dos datos que
el resto del Nuevo Testamento da por sabidos: Pedro estaba casado —Pablo lo menciona
años después, cuando defiende su derecho a viajar acompañado igual que «Cefas»
1 Corintios 9:5— y tenía en Capernaúm una casa que funcionó como base de
operaciones.
La casa vuelve a aparecer en un episodio pequeño que solo cuenta Mateo. En Capernaúm, los
cobradores del impuesto del templo se acercan a Pedro —no a Jesús— y le preguntan si su
maestro paga el didracma; él responde que sí, y dentro de la casa Jesús retoma la
conversación antes de que Pedro la plantee Mateo 17:24-27. La solución
—buscar la moneda en la boca del primer pez— se le encarga precisamente al pescador. El
episodio interesa menos por el prodigio que por lo que muestra: fuera del grupo, Pedro ya
era la persona a la que uno se dirigía cuando quería preguntar algo sobre Jesús.