La escena decisiva no ocurre en Galilea sino a un día de camino hacia el norte, en la
región de Cesarea de Filipo Mateo 16:13. Allí Jesús pregunta primero qué
dice la gente —Juan el Bautista, Elías, Jeremías, alguno de los profetas— y después qué
dicen ellos Mateo 16:13-15. Responde Pedro: «tú eres el Cristo, el Hijo
del Dios viviente» Mateo 16:16.
La respuesta que recibe es, en Mateo, la más extensa que cualquier discípulo recibe en
todo el evangelio: lo llama bienaventurado porque eso no se lo reveló «carne ni sangre»,
le da el apodo convertido en declaración —«tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi
iglesia»— y le promete las llaves del reino y la potestad de atar y desatar
Mateo 16:17-19. Después les ordena a todos no decir a nadie que él era el
Cristo Mateo 16:20.
Lo que sigue está en el mismo capítulo y casi nunca se cita junto a lo anterior. Jesús
empieza a anunciar que debe ir a Jerusalén, padecer y morir, y Pedro lo lleva aparte y lo
reprende Mateo 16:21-22. La respuesta es la frase más dura que recibe
nadie en el evangelio: «quítate de delante de mí, Satanás; me eres tropiezo, porque no
pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres»
Mateo 16:23. Cinco versículos separan «bienaventurado eres» de «Satanás»,
y el relato conserva los dos.