Camino del monte de los Olivos, Jesús anuncia que todos se escandalizarán aquella noche. Pedro responde que aunque todos, él no; y cuando se le dice que antes del canto del gallo lo habrá negado tres veces, insiste con más fuerza: aunque tenga que morir con él, no lo negará Marcos 14:29-31. En otra versión del mismo anuncio, la advertencia llega envuelta en algo más: que Satanás pidió zarandearlos como a trigo, que Jesús ha rogado por su fe, y que «vuelto», confirme a sus hermanos Lucas 22:31-32. La caída y la vuelta se anuncian en la misma frase, antes de que ocurra ninguna de las dos.
En el huerto, Pedro se duerme tres veces mientras Jesús ora, y el reproche llega con su nombre viejo: «Simón, ¿duermes?» Marcos 14:37. Cuando llega la turba, alguien desenvaina y corta la oreja del siervo del sumo sacerdote Marcos 14:47.
Los discípulos huyen Marcos 14:50. Pedro no huye del todo: sigue a Jesús «de lejos» hasta el patio del sumo sacerdote y se sienta con los guardias a calentarse al fuego Marcos 14:54. Es la única vez en el relato en que está a la vez dentro y fuera, y es exactamente ahí donde se rompe.
La primera pregunta no viene de un juez ni de un soldado, sino de una criada, y Pedro dice que no sabe de qué le habla Marcos 14:66-68. La segunda vuelve a ser ella Marcos 14:69-70. En la tercera, Pedro maldice y jura que no conoce a ese hombre, y entonces canta el gallo Marcos 14:71-72. Un relato añade el detalle que convierte la escena en algo insoportable: el Señor se volvió y lo miró, y Pedro salió afuera a llorar amargamente Lucas 22:61-62.