eLogos

Santidad

También: Santo · Santa · Santos · Santificar · Santificación · Consagrar · Qadosh

En la Biblia, la santidad es ante todo lo propio de Dios: lo que lo hace distinto de todo lo demás, en poder, en pureza y en perfección moral. Por extensión, es santo lo que pertenece a Dios y está apartado para él: un lugar, un tiempo, un objeto, una persona, un pueblo. Ser santo no es, en primer lugar, ser bueno, sino ser de Dios; y lo que es de Dios debe vivir de acuerdo con él.

En la Biblia

La zarza hace santa la tierra donde está Moisés (Éxodo 3:5). Israel es llamado a ser «reino de sacerdotes, y gente santa» (Éxodo 19:6), y Levítico repite la razón: «Santos seréis, porque santo soy yo Jehová vuestro Dios» (Levítico 19:2). Los serafines de Isaías proclaman «Santo, santo, santo» (Isaías 6:3). El Nuevo Testamento llama «santos» a todos los creyentes (Romanos 1:7).

Etimología

El hebreo usa la raíz קדשׁ qdsh: qadosh, «santo»; qódesh, «santidad» o «cosa santa»; qiddesh, «santificar, consagrar». Su sentido original se discute: se ha propuesto «separar» y también «brillar», sin consenso; en el uso, la idea de apartar es la dominante. Lo contrario de santo es jol, «común, profano». El griego dice hágios, y del latín sanctus, «consagrado», viene el castellano.

Lo que pertenece a Dios

La primera vez que el texto dice que algo es santo, no es una persona: es un suelo. Moisés se acerca a la zarza y oye: «No te acerques; quita tu calzado de tus pies, porque el lugar en que tú estás, tierra santa es» Éxodo 3:5. La tierra no ha cambiado; lo que la hace santa es la presencia de Dios. Esa es la lógica de toda la santidad bíblica: algo es santo porque pertenece a Dios o está cerca de él.

Por eso lo santo se organiza en grados. En el tabernáculo, el patio es menos santo que el lugar santo, y este menos que el «lugar santísimo», donde está el arca y donde solo entra el sumo sacerdote una vez al año. El sábado es un tiempo santo; el aceite de la unción, una sustancia santa; los sacerdotes, personas santas; Israel, un pueblo santo.

Santidad peligrosa

La santidad no es una cualidad amable. Es poder, y acercarse a ella sin respetarla es mortal. Nadab y Abiú, hijos de Aarón, ofrecen «fuego extraño» y mueren, y Moisés lo explica con palabras de Dios: «En los que a mí se acercan me santificaré» Levítico 10:1-3. Uza toca el arca para sostenerla y cae muerto 2 Samuel 6:6-7. En el Sinaí se ponen límites al monte para que el pueblo no suba Éxodo 19:12.

El profeta Isaías lo experimenta en el templo. Oye a los serafines proclamar «Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria», y su reacción es el espanto: «¡Ay de mí! que soy muerto; porque siendo hombre inmundo de labios…» Un serafín toca su boca con un carbón del altar, y solo entonces puede responder al llamado Isaías 6:1-7.

«Santos seréis, porque yo soy santo»

La santidad de Dios no se queda en el santuario: se vuelve exigencia para el pueblo. En el Sinaí Dios propone a Israel ser «un reino de sacerdotes, y gente santa» Éxodo 19:5-6. El capítulo 19 de Levítico abre con la fórmula «Santos seréis, porque santo soy yo» y la llena de contenido inesperado para quien piensa solo en ritos: dejar las espigas para el pobre y el extranjero, no retener el salario del jornalero, no maldecir al sordo ni poner tropiezo al ciego, amar al prójimo como a uno mismo Levítico 19:2 Levítico 19:9-18. La santidad incluye culto y ética en un mismo gesto.

El Santo de Israel

Los profetas convierten la santidad en un nombre de Dios. Isaías lo llama una y otra vez «el Santo de Israel». Y Oseas saca de ella una consecuencia sorprendente: Dios no ejecutará el ardor de su ira contra Efraín, «porque Dios soy, y no hombre, el Santo en medio de ti» Oseas 11:9. Aquí la santidad no es lo que castiga, sino lo que perdona: Dios es distinto también en su misericordia.

En el Nuevo Testamento

El Nuevo Testamento cita la fórmula de Levítico y la aplica a los creyentes: «como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir» 1 Pedro 1:15-16. Y retoma el título de Éxodo 19: los creyentes son «real sacerdocio, nación santa» 1 Pedro 2:9.

Hay un desplazamiento importante: «santos» deja de ser el nombre de una élite y pasa a ser el de todos los miembros de la comunidad. Pablo escribe «a todos los que estáis en Roma, amados de Dios, llamados a ser santos» Romanos 1:7, y llama santos incluso a los corintios, a quienes reprocha graves faltas 1 Corintios 1:2. Son santos porque pertenecen a Dios; la santificación es el proceso de llegar a vivir de acuerdo con lo que ya son 1 Tesalonicenses 4:3-7.

Aparece en

56 fichas de eLogos usan este término; estas son las que más lo usan:

Ver las 44 restantes