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Anatema

También: Jérem · Herem · Consagrado a destrucción · Destrucción total · Maldito

Lo que queda consagrado a Dios de forma total e irrevocable, sustraído a todo uso humano, y que por eso debe ser destruido o entregado íntegramente al santuario. En los relatos de la conquista de Canaán designa la destrucción completa de una ciudad y su botín, «dedicados» a Dios. En el Nuevo Testamento, anatema pasa a significar «maldito», excluido.

En la Biblia

Jericó y todo lo que había en ella son declarados anatema (Josué 6:17-19), y el pecado de Acán consiste en apropiarse de algo de ese botín (Josué 7:1). Saúl pierde el reino por no cumplir el anatema contra Amalec (1 Samuel 15). Pablo usa la palabra en sentido de maldición: «sea anatema» el que anuncie otro evangelio (Gálatas 1:8-9).

Etimología

Traduce el hebreo חֵרֶם jérem, del verbo jaram, «consagrar por exterminio», «prohibir al uso común»; de la misma raíz viene harén, el recinto vedado. La antigua versión griega lo vertió por anáthema, «lo que se pone aparte», palabra que en griego designaba también una ofrenda votiva colgada en un templo. La Reina-Valera lo traduce «anatema», «consagrado» o «destruir».

Lo que no se puede tocar

La idea de fondo es la de lo santo llevada al extremo. Lo santo pertenece a Dios; el jérem le pertenece de tal modo que nadie puede usarlo, venderlo ni rescatarlo. Levítico lo dice en su forma más general: nada de lo consagrado por anatema «se venderá, ni se rescatará: todo lo consagrado será cosa santísima para Jehová» Levítico 27:28-29.

El anatema en la guerra

El uso más duro está en los relatos de la conquista. Deuteronomio manda que las naciones de Canaán sean destruidas por completo, sin hacer pacto con ellas ni emparentar, para que no aparten a Israel de su Dios Deuteronomio 7:1-6. En Jericó, Josué declara la ciudad anatema: todo lo que hay en ella se destruye, excepto Rahab y su familia, y la plata, el oro y los objetos de metal se consagran al tesoro de Jehová Josué 6:17-19.

La violación del anatema tiene consecuencias para todos. Acán se apropia de un manto babilónico, plata y un lingote de oro Josué 7:20-21, e Israel es derrotado en Hai; el relato dice que «los hijos de Israel cometieron una prevaricación en cuanto al anatema» Josué 7:1. Saúl recibe la orden de destruir a Amalec por completo, pero perdona al rey Agag y lo mejor del ganado, con la excusa de sacrificarlo; Samuel le anuncia que Dios lo ha desechado como rey 1 Samuel 15:1-3 1 Samuel 15:9-23.

En el Nuevo Testamento

El griego anáthema conserva la idea de lo apartado, pero ahora como exclusión de la comunidad y maldición. Pablo lo usa con fuerza: si alguien, aunque sea un ángel del cielo, anuncia otro evangelio, «sea anatema» Gálatas 1:8-9; «el que no amare al Señor Jesucristo, sea anatema» 1 Corintios 16:22. Y en el pasaje más conmovedor lo aplica a sí mismo: desearía ser anatema, separado de Cristo, por amor a sus hermanos israelitas Romanos 9:3.

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