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Divorcio

También: Repudio · Repudiar · Carta de divorcio · Carta de repudio · Divorciarse · Segundas nupcias

La disolución del matrimonio. La ley de Moisés no lo instituye, sino que lo regula: el marido que despedía a su mujer debía darle una «carta de divorcio», que la dejaba libre para casarse de nuevo. En tiempos de Jesús se discutía por qué causas era lícito. Jesús remite al plan original —«lo que Dios juntó, no lo separe el hombre»— y, según Mateo, solo admite la excepción de la fornicación (Marcos y Lucas no la recogen).

En la Biblia

Los fariseos preguntan a Jesús: «¿Es lícito al hombre repudiar a su mujer por cualquier causa?» (Mateo 19:3). Jesús responde que Moisés lo permitió «por la dureza de vuestro corazón; mas al principio no fue así» (Mateo 19:8).

Etimología

Del latín divortium, de divertere, «separarse, ir por caminos distintos». El hebreo dice «enviar, despedir» (shilaj), y el documento se llamaba séfer keritut, «documento de corte». En griego, apolýō, «soltar, despedir», y apostásion, «carta de separación».

La carta de divorcio

La ley de Moisés no manda divorciarse ni lo presenta como algo bueno: da por supuesto que ocurría y lo regula. El texto central es Deuteronomio 24. Si un hombre toma mujer y luego «no le agradare por haber hallado en ella alguna cosa indecente», le escribirá «carta de divorcio», se la entregará y la despedirá. Ella puede casarse con otro; pero si el segundo marido la despide o muere, el primero no puede volver a tomarla Deuteronomio 24:1-4.

Un debate en tiempos de Jesús

¿Qué era la «cosa indecente» (ervat davar) de Deuteronomio 24:1? En el judaísmo del siglo I había dos respuestas. La escuela del rabino Shammai la entendía como inmoralidad sexual: solo por eso se podía divorciar. La escuela de Hillel la entendía en sentido amplio: cualquier cosa que desagradara al marido, incluso que se le quemara la comida. Por eso los fariseos preguntan a Jesús si es lícito repudiar a la mujer «por cualquier causa» Mateo 19:3-9: le piden que tome partido.

La respuesta de Jesús

Jesús no entra en la discusión sobre la causa: va al principio. Cita Génesis —Dios los hizo varón y hembra, y los dos serán una sola carne— y concluye: «lo que Dios juntó, no lo separe el hombre». Cuando le objetan que Moisés mandó dar carta de divorcio, responde que Moisés lo permitió «por la dureza de vuestro corazón; mas al principio no fue así». Y añade: «cualquiera que repudia a su mujer, salvo por causa de fornicación, y se casa con otra, adultera» Mateo 19:3-9. Lo mismo dice en el Sermón del monte Mateo 5:31-32.

Pablo

Pablo transmite el mandato del Señor: la mujer no se separe del marido, y si se separa, quede sin casarse o se reconcilie; y el marido no abandone a su mujer. Luego trata un caso nuevo, que Jesús no había tratado: el matrimonio entre un creyente y un no creyente. Si el no creyente quiere seguir, que no se separen; «pero si el incrédulo se separa, sepárese; pues no está el hermano o la hermana sujeto a servidumbre en semejante caso» 1 Corintios 7:10-16.

Dios y el divorcio

Malaquías denuncia a los hombres de Judá que han sido desleales con «la mujer de tu juventud», la «compañera, y la mujer de tu pacto» Malaquías 2:13-16. Los profetas usan también la imagen para hablar de Dios: por las infidelidades de Israel, dice Jeremías, Dios «la había despedido y dado carta de repudio» Jeremías 3:8.

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