La carta de divorcio
La ley de Moisés no manda divorciarse ni lo presenta como algo bueno: da por supuesto que ocurría y lo regula. El texto central es Deuteronomio 24. Si un hombre toma mujer y luego «no le agradare por haber hallado en ella alguna cosa indecente», le escribirá «carta de divorcio», se la entregará y la despedirá. Ella puede casarse con otro; pero si el segundo marido la despide o muere, el primero no puede volver a tomarla Deuteronomio 24:1-4.
Un debate en tiempos de Jesús
¿Qué era la «cosa indecente» (ervat davar) de Deuteronomio 24:1? En el judaísmo del siglo I había dos respuestas. La escuela del rabino Shammai la entendía como inmoralidad sexual: solo por eso se podía divorciar. La escuela de Hillel la entendía en sentido amplio: cualquier cosa que desagradara al marido, incluso que se le quemara la comida. Por eso los fariseos preguntan a Jesús si es lícito repudiar a la mujer «por cualquier causa» Mateo 19:3-9: le piden que tome partido.
La respuesta de Jesús
Jesús no entra en la discusión sobre la causa: va al principio. Cita Génesis —Dios los hizo varón y hembra, y los dos serán una sola carne— y concluye: «lo que Dios juntó, no lo separe el hombre». Cuando le objetan que Moisés mandó dar carta de divorcio, responde que Moisés lo permitió «por la dureza de vuestro corazón; mas al principio no fue así». Y añade: «cualquiera que repudia a su mujer, salvo por causa de fornicación, y se casa con otra, adultera» Mateo 19:3-9. Lo mismo dice en el Sermón del monte Mateo 5:31-32.
Pablo
Pablo transmite el mandato del Señor: la mujer no se separe del marido, y si se separa, quede sin casarse o se reconcilie; y el marido no abandone a su mujer. Luego trata un caso nuevo, que Jesús no había tratado: el matrimonio entre un creyente y un no creyente. Si el no creyente quiere seguir, que no se separen; «pero si el incrédulo se separa, sepárese; pues no está el hermano o la hermana sujeto a servidumbre en semejante caso» 1 Corintios 7:10-16.
Dios y el divorcio
Malaquías denuncia a los hombres de Judá que han sido desleales con «la mujer de tu juventud», la «compañera, y la mujer de tu pacto» Malaquías 2:13-16. Los profetas usan también la imagen para hablar de Dios: por las infidelidades de Israel, dice Jeremías, Dios «la había despedido y dado carta de repudio» Jeremías 3:8.