Los anaceos son el pueblo que convirtió la tierra prometida en una tierra imposible. Eran, según el relato, hombres de gran estatura que vivían en Hebrón y en la montaña de Judá, en ciudades amuralladas. Su sola presencia hizo que Israel se negara a entrar en Canaán, y por eso una generación entera murió en el desierto. Cuarenta y cinco años después, el mismo hombre que no les había tenido miedo, Caleb, los echó de Hebrón.
El nombre de los anaceos
‘Ănāq, Anac, es el nombre de su antepasado, y sus descendientes son los «hijos de Anac» o ‘ănāqîm. La palabra hebrea ‘ănāq significa «collar» o «cuello», y por eso se ha propuesto que el nombre aludiera a gente de cuello largo, es decir, alta; otros lo relacionan con los collares que llevaban. Ninguna de las dos explicaciones es segura.
Origen de los anaceos
El libro de Josué da su genealogía: Arba, un hombre grande entre los anaceos, fue el padre de Anac, y por él Hebrón se llamaba antes Quiriat-arba, «la ciudad de Arba» Josué 14:15, Josué 15:13. Anac tuvo tres hijos, Ahimán, Sesai y Talmai, que vivían en Hebrón cuando llegaron los exploradores Números 13:22.
La Biblia los relaciona con otros pueblos de gigantes del pasado. Los exploradores dicen que los hijos de Anac descienden de los nefilim Números 13:33, y Deuteronomio los agrupa con los emitas, los zomzomeos y los refaítas, pueblos grandes y numerosos que habitaron antes Moab y Amón Deuteronomio 2:10-11, Deuteronomio 2:20-21. Es una forma de describir a los habitantes antiguos de la tierra como seres de otra escala.
Cómo vivían los anaceos
Lo único que el texto dice de su vida es que vivían en ciudades grandes y fortificadas, con murallas «hasta el cielo» Deuteronomio 1:28, y que Hebrón, su ciudad, era antiquísima: se había edificado siete años antes que Zoán de Egipto Números 13:22. Sobre su lengua, su religión o su organización no se sabe nada.
Anaceos e Israel
Los doce exploradores ven a los hijos de Anac en Hebrón
Los doce exploradores que envía Moisés ven en Hebrón a los hijos de Anac, y diez de ellos vuelven diciendo que la tierra devora a sus habitantes y que, a su lado, ellos parecían langostas Números 13:32-33. El pueblo llora toda la noche y quiere volver a Egipto. Solo Josué y Caleb piden confiar Números 14:6-9. Como castigo, esa generación queda condenada a morir en el desierto, y solo los dos entrarán en la tierra Números 14:29-30. Deuteronomio recuerda la pregunta que corría entre los israelitas: quién podrá resistir a los hijos de Anac Deuteronomio 9:2.
Caleb conquista Hebrón y expulsa a los hijos de Anac
Cuarenta y cinco años después, Caleb, con ochenta y cinco, pide a Josué la montaña donde vivían los anaceos, que él había visto de joven Josué 14:10-12. Recibe Hebrón y expulsa de allí a los tres hijos de Anac Josué 15:13-14. El libro de Josué resume que Josué destruyó a los anaceos de la montaña de Judá y de la de Israel Josué 11:21.
El fin de los anaceos
Según Josué, no quedaron anaceos en la tierra de Israel, salvo algunos en Gaza, Gat y Asdod Josué 11:22, tres ciudades que después serán filisteas. Es la última noticia de ellos como pueblo.
El nombre queda en la memoria como imagen del obstáculo que parecía invencible y no lo fue.