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Juan predica en el desierto de Judea y bautiza en el Jordán

Lc 3 Lucas 3:1-18

Nuevo Testamento Lucas Nació c. 7-4 a.C.; predicó hacia el año 28-29 d.C. y murió poco después 18 versículos

§ La escena

Lucas fecha con cuidado el comienzo de su predicación: en el año quince del emperador Tiberio, siendo Poncio Pilato gobernador de Judea y Herodes tetrarca de Galilea, y en tiempo de los sumos sacerdotes Anás y Caifás, «vino palabra de Dios a Juan, hijo de Zacarías, en el desierto» Lucas 3:1-2. Es decir, hacia los años 28 o 29 d. C.

Juan recorre la región del Jordán predicando «el bautismo del arrepentimiento para perdón de pecados» Lucas 3:3. Marcos dice que salían a él toda la provincia de Judea y todos los de Jerusalén, y eran bautizados en el río confesando sus pecados Marcos 1:4-5. Los evangelios ven en él la voz que anunció Isaías: «Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor» Isaías 40:3 Marcos 1:2-3.

Su aspecto era el de un profeta antiguo: vestía de pelo de camello, llevaba un cinto de cuero y comía langostas y miel silvestre Mateo 3:4. Así se describía a Elías: «un varón que tenía vestido de pelo, y ceñía sus lomos con un cinturón de cuero» 2 Reyes 1:8.

Su predicación era dura. A los que venían a bautizarse les decía: «¡Generación de víboras! ¿Quién os enseñó a huir de la ira venidera?». No bastaba con decir «Tenemos a Abraham por padre», porque Dios puede levantar hijos a Abraham aun de las piedras, y el hacha ya estaba puesta a la raíz de los árboles Lucas 3:7-9. Mateo dirige estas palabras a los fariseos y saduceos que venían a su bautismo Mateo 3:7-10.

Cuando la gente pregunta qué debe hacer, Juan responde con cosas concretas: el que tiene dos túnicas, que dé al que no tiene, y lo mismo con la comida; a los publicanos, que no cobren más de lo establecido; a los soldados, que no extorsionen ni calumnien a nadie y se contenten con su salario Lucas 3:10-14.

La gente empieza a preguntarse si Juan será el Cristo. Él responde: «Yo a la verdad os bautizo en agua; pero viene uno más poderoso que yo, de quien no soy digno de desatar la correa de su calzado; él os bautizará en Espíritu Santo y fuego» Lucas 3:15-18. Desatar el calzado era una de las tareas del esclavo; Juan se pone por debajo de ella.

Lo que vino después

La muerte de Juan no cerró su historia. Cuando la fama de Jesús llega a Herodes, este piensa: «Este es Juan, el que yo decapité, que ha resucitado de los muertos» Marcos 6:14-16, y otros creían que Jesús era Juan, Elías o alguno de los profetas.

Jesús invocó a Juan en sus discusiones con los dirigentes de Jerusalén. Cuando le preguntan con qué autoridad actúa, responde con otra pregunta: «El bautismo de Juan, ¿de dónde era? ¿Del cielo, o de los hombres?». No se atreven a contestar, porque temían al pueblo, que tenía a Juan por profeta Mateo 21:23-27. Y les reprocha que los publicanos y las rameras le creyeron y ellos no Mateo 21:32.

Los apóstoles fijaron en el bautismo de Juan el comienzo de la historia de Jesús. Para sustituir a Judas, buscan a alguien que haya estado con ellos «comenzando desde el bautismo de Juan» Hechos 1:21-22, y Pedro y Pablo empiezan su predicación con Juan Hechos 10:37 Hechos 13:24-25.

El movimiento de Juan llegó lejos. En Éfeso, unos veinte años después, Apolos, un judío de Alejandría elocuente en las Escrituras, enseñaba sobre Jesús, «aunque solamente conocía el bautismo de Juan» Hechos 18:24-26. Allí mismo Pablo encuentra a unos doce discípulos bautizados «en el bautismo de Juan», que ni siquiera habían oído hablar del Espíritu Santo. Pablo les explica que Juan bautizó con bautismo de arrepentimiento, «diciendo al pueblo que creyesen en aquel que vendría después de él, esto es, en Jesucristo», y ellos son bautizados «en el nombre del Señor Jesús» Hechos 19:1-7.

La escena de Éfeso muestra la diferencia entre los dos bautismos: quienes ya habían recibido el de Juan son bautizados de nuevo, y lo son «en el nombre del Señor Jesús», como en Pentecostés Hechos 2:38 Hechos 19:5. El bautismo de Juan preparaba; el bautismo en el nombre de Jesús es el que practicó la Iglesia de los apóstoles. Ver bautismo y nombre.

Su papel dentro de la Biblia

Juan es la bisagra entre el Antiguo y el Nuevo Testamento. Es el último de los profetas al estilo antiguo —en el desierto, con vestido de pelo, llamando a la conversión y enfrentándose al rey— y a la vez el primero en anunciar a Jesús. Los cuatro evangelios comienzan la historia pública de Jesús con él. Su grandeza, según los propios textos, está en saber quién no era: no era el Mesías, sino la voz; no el esposo, sino el amigo del esposo. Su frase «es necesario que él crezca, pero que yo mengüe» resume su lugar en la historia.

Otros con el mismo nombre

En el Nuevo Testamento hay otros Juanes. El más importante es el apóstol Juan, hijo de Zebedeo, que según la tradición escribió el cuarto evangelio. También se llama Juan a Marcos, el compañero de Pablo y de Bernabé (Hechos 12:12), y al padre de Simón Pedro, en algunos manuscritos (Juan 1:42).

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