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Perdón

También: Perdonar · Remisión · Remisión de pecados · Perdón de los pecados · Aphíēmi

Dejar de tener en cuenta una ofensa: renunciar a cobrar la deuda que el culpable ha contraído. En la Biblia el perdón es ante todo obra de Dios, que quita el pecado y restablece la relación con su pueblo; y es a la vez un deber que Jesús impone a sus discípulos entre ellos, hasta el punto de ligar el perdón de Dios al perdón que se da al prójimo.

En la Biblia

Dios se revela a Moisés como el que perdona «la iniquidad, la rebelión y el pecado» (Éxodo 34:6-7). David confiesa su pecado y es perdonado (Salmos 32:1-5). Jesús perdona los pecados de un paralítico y escandaliza a los escribas (Marcos 2:5-7), y desde la cruz pide perdón para quienes lo crucifican (Lucas 23:34).

Etimología

Del latín tardío perdonare, «dar del todo». El hebreo tiene un verbo reservado a Dios, סָלַח salaj, «perdonar», que nunca lleva un sujeto humano; usa además nasá, «levantar, llevar, quitar» el pecado, y kipper, «cubrir, expiar». El griego del Nuevo Testamento dice sobre todo aphíēmi, «soltar, dejar ir», el mismo verbo que se usa para cancelar una deuda o liberar a un preso.

Un verbo que solo tiene Dios

El hebreo tiene una palabra para «perdonar», salaj, que en la Biblia nunca tiene a un ser humano como sujeto: solo Dios perdona así. Cuando Dios pasa delante de Moisés en el Sinaí, se define como «misericordioso y piadoso; tardo para la ira», que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado, aunque «de ningún modo tendrá por inocente al malvado» Éxodo 34:6-7. Perdón y justicia aparecen juntos, sin que el texto resuelva la tensión.

En el culto, el perdón llega a través del sacrificio: el sacerdote hace expiación por el pueblo, «y obtendrán perdón» Levítico 4:20.

Quitar, cubrir, olvidar

Los salmos y los profetas describen el perdón con imágenes. Es una carga levantada: «Bienaventurado aquel cuya transgresión ha sido perdonada, y cubierto su pecado». El mismo salmo cuenta que, mientras callaba su pecado, se le secaban los huesos; cuando lo confesó, Dios lo perdonó Salmos 32:1-5. Es una distancia: «cuanto está lejos el oriente del occidente, hizo alejar de nosotros nuestras rebeliones» Salmos 103:10-12. Y es un olvido voluntario: «Yo, yo soy el que borro tus rebeliones… y no me acordaré de tus pecados» Isaías 43:25. El nuevo pacto de Jeremías culmina así: «perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado» Jeremías 31:34.

¿Quién puede perdonar pecados?

Por eso escandaliza a los escribas que Jesús diga a un paralítico «tus pecados te son perdonados»: «¿Quién puede perdonar pecados, sino sólo Dios?». Jesús responde curándolo, «para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados» Marcos 2:5-12. El reproche de los escribas era coherente con el Antiguo Testamento; el relato lo usa para decir quién es Jesús.

Perdonar al otro

La novedad más exigente está en lo que Jesús pide a sus discípulos. En el Padrenuestro, el perdón de Dios y el humano van unidos: «perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores», y Jesús añade que si no perdonan a los hombres, tampoco el Padre los perdonará Mateo 6:12-15. A Pedro, que propone perdonar hasta siete veces, le responde «hasta setenta veces siete», y le cuenta la parábola del siervo al que se le perdona una deuda enorme y luego no perdona una pequeña Mateo 18:21-35.

Él mismo lo practica en la cruz: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen» Lucas 23:34. Y Pablo lo fundamenta así: perdonaos unos a otros «como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo» Efesios 4:32.

Perdón y bautismo

En la primera predicación de Pedro, el perdón se une al arrepentimiento y al bautismo: «Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados» Hechos 2:38.

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