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Levirato

También: Ley del levirato · Matrimonio levirático · Cuñado

Costumbre y ley por la que, cuando un hombre casado moría sin hijos, su hermano debía casarse con la viuda; el primer hijo de esa unión se consideraba hijo del difunto y heredaba su nombre y su parte de la tierra. Protegía a la viuda y evitaba que la línea familiar del muerto se extinguiera.

En la Biblia

Deuteronomio lo legisla y prevé la negativa (Deuteronomio 25:5-10). El relato de Judá y Tamar gira en torno a esa obligación incumplida (Génesis 38), y el libro de Rut se apoya en una forma ampliada de ella. Los saduceos la usan para plantear a Jesús su pregunta sobre la resurrección (Marcos 12:18-23).

Etimología

Del latín levir, «cuñado», el hermano del marido. El hebreo lo expresa con el verbo yibbem, «cumplir el deber de cuñado», de yabam, «cuñado». La ceremonia por la que el cuñado renunciaba se llamó en el judaísmo posterior jalitsá, «el descalzamiento», por la sandalia que la viuda le quitaba.

Que el nombre del muerto no se borre

La ley está en Deuteronomio. Si unos hermanos viven juntos y uno muere sin hijo, la viuda no se casará con un extraño: su cuñado la tomará por mujer, y el primogénito que ella dé a luz «sucederá en el nombre de su hermano muerto, para que el nombre de este no sea borrado de Israel» Deuteronomio 25:5-6.

El objetivo está en esa frase. En el antiguo Israel, un hombre seguía «existiendo» a través de sus hijos y de su tierra; morir sin descendencia era desaparecer. La ley protege además a la viuda, que en esa sociedad quedaba sin sustento si no tenía hijos que la mantuvieran.

Cuando el cuñado se niega

La ley prevé la negativa y la hace pública y vergonzosa. La viuda acude a los ancianos en la puerta; si el cuñado insiste en no querer, ella le quita la sandalia, le escupe en el rostro y dice: «Así será hecho al varón que no quiere edificar la casa de su hermano». Su familia será conocida como «la casa del descalzado» Deuteronomio 25:7-10.

Judá y Tamar

El relato más crudo del levirato está en Génesis, antes de cualquier ley escrita. Er, hijo de Judá, muere sin hijos; Judá manda a su segundo hijo, Onán, cumplir el deber de cuñado con Tamar, pero Onán lo evita porque sabe que el hijo no sería suyo, y muere también. Judá retiene entonces al tercero, Sela, por miedo a perderlo Génesis 38:6-11. Tamar, viendo que no se la da, se disfraza, concibe del propio Judá y, cuando se descubre, Judá reconoce: «Más justa es ella que yo, por cuanto no la he dado a Sela mi hijo» Génesis 38:26. De esa unión nace Fares, antepasado de David.

Rut: una forma ampliada

En el libro de Rut no hay hermanos del difunto vivos, y la obligación pasa a un pariente más lejano, unida al rescate de la tierra. Booz lo dice en la puerta: al comprar la tierra de Noemí adquiere también a Rut, «para restaurar el nombre del muerto sobre su posesión». El otro pariente renuncia quitándose la sandalia, aunque el gesto aquí es de cesión de un derecho, no de vergüenza Rut 4:5-10.

En el Nuevo Testamento

La ley reaparece solo una vez, como argumento. Los saduceos, que negaban la resurrección, plantean a Jesús el caso de una mujer que, por la ley del levirato, se casa sucesivamente con siete hermanos; en la resurrección, ¿de quién será mujer? Marcos 12:18-23. Jesús responde que los que resucitan no se casan Marcos 12:24-25.

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