Que el nombre del muerto no se borre
La ley está en Deuteronomio. Si unos hermanos viven juntos y uno muere sin hijo, la viuda no se casará con un extraño: su cuñado la tomará por mujer, y el primogénito que ella dé a luz «sucederá en el nombre de su hermano muerto, para que el nombre de este no sea borrado de Israel» Deuteronomio 25:5-6.
El objetivo está en esa frase. En el antiguo Israel, un hombre seguía «existiendo» a través de sus hijos y de su tierra; morir sin descendencia era desaparecer. La ley protege además a la viuda, que en esa sociedad quedaba sin sustento si no tenía hijos que la mantuvieran.
Cuando el cuñado se niega
La ley prevé la negativa y la hace pública y vergonzosa. La viuda acude a los ancianos en la puerta; si el cuñado insiste en no querer, ella le quita la sandalia, le escupe en el rostro y dice: «Así será hecho al varón que no quiere edificar la casa de su hermano». Su familia será conocida como «la casa del descalzado» Deuteronomio 25:7-10.
Judá y Tamar
El relato más crudo del levirato está en Génesis, antes de cualquier ley escrita. Er, hijo de Judá, muere sin hijos; Judá manda a su segundo hijo, Onán, cumplir el deber de cuñado con Tamar, pero Onán lo evita porque sabe que el hijo no sería suyo, y muere también. Judá retiene entonces al tercero, Sela, por miedo a perderlo Génesis 38:6-11. Tamar, viendo que no se la da, se disfraza, concibe del propio Judá y, cuando se descubre, Judá reconoce: «Más justa es ella que yo, por cuanto no la he dado a Sela mi hijo» Génesis 38:26. De esa unión nace Fares, antepasado de David.
Rut: una forma ampliada
En el libro de Rut no hay hermanos del difunto vivos, y la obligación pasa a un pariente más lejano, unida al rescate de la tierra. Booz lo dice en la puerta: al comprar la tierra de Noemí adquiere también a Rut, «para restaurar el nombre del muerto sobre su posesión». El otro pariente renuncia quitándose la sandalia, aunque el gesto aquí es de cesión de un derecho, no de vergüenza Rut 4:5-10.
En el Nuevo Testamento
La ley reaparece solo una vez, como argumento. Los saduceos, que negaban la resurrección, plantean a Jesús el caso de una mujer que, por la ley del levirato, se casa sucesivamente con siete hermanos; en la resurrección, ¿de quién será mujer? Marcos 12:18-23. Jesús responde que los que resucitan no se casan Marcos 12:24-25.