En el evangelio de Juan, el Bautista ve venir a Jesús y dice: «He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo». Y da testimonio: él no lo conocía, pero el que lo envió a bautizar le dijo que aquel sobre quien viera descender y permanecer el Espíritu sería el que bautiza con Espíritu Santo. «Y yo le vi, y he dado testimonio de que éste es el Hijo de Dios» Juan 1:29-34.
Al día siguiente, Juan está con dos de sus discípulos. Al ver pasar a Jesús, repite: «He aquí el Cordero de Dios». Los dos lo oyen y siguen a Jesús. Uno de ellos es Andrés, que va a buscar a su hermano Simón y le dice: «Hemos hallado al Mesías» Juan 1:35-42. Los primeros discípulos de Jesús vienen del grupo de Juan, y es Juan quien les señala a Jesús.
Lo que vino después
La muerte de Juan no cerró su historia. Cuando la fama de Jesús llega a Herodes, este piensa: «Este es Juan, el que yo decapité, que ha resucitado de los muertos» Marcos 6:14-16, y otros creían que Jesús era Juan, Elías o alguno de los profetas.
Jesús invocó a Juan en sus discusiones con los dirigentes de Jerusalén. Cuando le preguntan con qué autoridad actúa, responde con otra pregunta: «El bautismo de Juan, ¿de dónde era? ¿Del cielo, o de los hombres?». No se atreven a contestar, porque temían al pueblo, que tenía a Juan por profeta Mateo 21:23-27. Y les reprocha que los publicanos y las rameras le creyeron y ellos no Mateo 21:32.
Los apóstoles fijaron en el bautismo de Juan el comienzo de la historia de Jesús. Para sustituir a Judas, buscan a alguien que haya estado con ellos «comenzando desde el bautismo de Juan» Hechos 1:21-22, y Pedro y Pablo empiezan su predicación con Juan Hechos 10:37 Hechos 13:24-25.
El movimiento de Juan llegó lejos. En Éfeso, unos veinte años después, Apolos, un judío de Alejandría elocuente en las Escrituras, enseñaba sobre Jesús, «aunque solamente conocía el bautismo de Juan» Hechos 18:24-26. Allí mismo Pablo encuentra a unos doce discípulos bautizados «en el bautismo de Juan», que ni siquiera habían oído hablar del Espíritu Santo. Pablo les explica que Juan bautizó con bautismo de arrepentimiento, «diciendo al pueblo que creyesen en aquel que vendría después de él, esto es, en Jesucristo», y ellos son bautizados «en el nombre del Señor Jesús» Hechos 19:1-7.
La escena de Éfeso muestra la diferencia entre los dos bautismos: quienes ya habían recibido el de Juan son bautizados de nuevo, y lo son «en el nombre del Señor Jesús», como en Pentecostés Hechos 2:38 Hechos 19:5. El bautismo de Juan preparaba; el bautismo en el nombre de Jesús es el que practicó la Iglesia de los apóstoles. Ver bautismo y nombre.
Su papel dentro de la Biblia
Juan es la bisagra entre el Antiguo y el Nuevo Testamento. Es el último de los profetas al estilo antiguo —en el desierto, con vestido de pelo, llamando a la conversión y enfrentándose al rey— y a la vez el primero en anunciar a Jesús. Los cuatro evangelios comienzan la historia pública de Jesús con él. Su grandeza, según los propios textos, está en saber quién no era: no era el Mesías, sino la voz; no el esposo, sino el amigo del esposo. Su frase «es necesario que él crezca, pero que yo mengüe» resume su lugar en la historia.
Otros con el mismo nombre
En el Nuevo Testamento hay otros Juanes. El más importante es el apóstol Juan, hijo de Zebedeo, que según la tradición escribió el cuarto evangelio. También se llama Juan a Marcos, el compañero de Pablo y de Bernabé (Hechos 12:12), y al padre de Simón Pedro, en algunos manuscritos (Juan 1:42).