El hallazgo
En 1947, unos pastores beduinos encontraron en una cueva del desierto de Judea varias tinajas con rollos de cuero envueltos en lino. Fue el comienzo de uno de los descubrimientos más importantes de la arqueología bíblica. Entre 1947 y 1956 se exploraron once cuevas en los alrededores de Qumrán, en la orilla noroeste del mar Muerto, y aparecieron restos de unos novecientos manuscritos. La mayoría están en fragmentos; unos pocos, como el gran rollo de Isaías, están casi completos.
Qué contienen
Hay tres tipos de textos:
- Libros bíblicos: unos doscientos treinta manuscritos, con fragmentos de todos los libros del Antiguo Testamento hebreo excepto Ester. Los más copiados son los Salmos, Deuteronomio e Isaías.
- Otros libros judíos de la época, algunos conocidos antes solo en traducciones (como Tobías o el libro de Enoc) y otros desconocidos.
- Escritos propios de un grupo: reglas de vida comunitaria, himnos, textos sobre una guerra final entre los «hijos de la luz» y los «hijos de las tinieblas», y comentarios de los profetas aplicados a su propia historia.
Por qué son tan importantes para la Biblia
Antes de 1947, el manuscrito hebreo completo más antiguo del Antiguo Testamento era el Códice de Leningrado, del año 1008 d. C. Los manuscritos de Qumrán adelantaron en unos mil años la historia conocida del texto. Y mostraron dos cosas a la vez.
Que el texto se transmitió con mucho cuidado. El gran rollo de Isaías, copiado hacia el siglo II a. C., coincide en lo esencial con el texto hebreo que se usa hoy, mil años posterior. La mayoría de las diferencias son de ortografía o de detalle.
Que había variantes. En Isaías 53:11, el texto hebreo tradicional dice que el siervo «verá el fruto de la aflicción de su alma» Isaías 53:11; los manuscritos de Qumrán, como la Septuaginta griega, dicen que «verá la luz». En Deuteronomio 32:8, el texto tradicional dice que Dios fijó los límites de los pueblos «según el número de los hijos de Israel» Deuteronomio 32:8; un manuscrito de Qumrán dice «de los hijos de Dios», como la Septuaginta. Algunos libros, como Jeremías, circulaban incluso en dos formas de distinta extensión.
La comunidad de Qumrán
Los escritos propios hablan de un grupo de judíos que se consideraban el verdadero Israel de los últimos tiempos, opuestos a los sacerdotes del templo de Jerusalén. Se veían a sí mismos como los que preparan «en el desierto» el camino del Señor, aplicándose las palabras de Isaías Isaías 40:3 que los evangelios aplican a Juan el Bautista. Leían los profetas como si hablaran directamente de su época: su comentario de Habacuc identifica a los «caldeos» del profeta Habacuc 1:5-6 con los romanos.