Con los persas, la historia de Israel cambia de tono. Después de asirios y babilonios, que deportan y destruyen, llega un imperio que deja volver. El edicto de Ciro abre el período del Segundo Templo, y durante dos siglos los judíos viven como una provincia pequeña dentro del mayor imperio que el mundo había conocido. Los persas y los medos eran pueblos llegados de las estepas que en pocas generaciones pasaron de vasallos a señores de todo el Oriente.
El nombre de los persas
«Persa» viene, a través del griego Pérsēs, del persa antiguo Pārsa, el nombre de la región del suroeste de Irán donde vivían (hoy la provincia de Fars, que conserva el nombre). En hebreo, Pāras. Sus vecinos y parientes del noroeste eran los medos, Māday en hebreo, a quienes Génesis cuenta entre los hijos de Jafet Génesis 10:2. La Biblia los nombra casi siempre juntos: «medos y persas» Ester 1:19.
Origen de los persas
Cómo se organizaban los persas
El imperio se dividía en grandes provincias llamadas satrapías, cada una gobernada por un sátrapa, y estas en provincias menores. Ester habla de ciento veintisiete provincias desde la India hasta Etiopía Ester 1:1, y Daniel de ciento veinte sátrapas Daniel 6:1. Judá era la pequeña provincia de Yehud, dentro de la satrapía llamada «de más allá del río», es decir, al oeste del Éufrates Esdras 4:10.
Un sistema de caminos y correos a caballo unía las capitales (Susa, Persépolis, Ecbatana y Babilonia). Ester describe cómo los decretos del rey se envían por correos montados en caballos veloces a cada provincia, en su propia escritura y en su propia lengua Ester 8:9-10. Los persas dejaban a los pueblos sometidos conservar su religión y sus leyes, siempre que pagaran tributo y fueran leales.
Religión. Los reyes aqueménidas adoraban a Ahura Mazda, el «Señor sabio», como dios supremo, en una religión emparentada con la enseñanza de Zaratustra. La Biblia no la describe. Lo que sí recoge es la política religiosa del imperio: el rey financia la reconstrucción del templo y pide que se ore por él y por sus hijos Esdras 6:8-10.
Persas e Israel
El edicto de Ciro y el regreso a Jerusalén
En 539 a.C., Ciro entra en Babilonia sin gran resistencia. En su primer año promulga un edicto que permite a los judíos volver a Jerusalén y reconstruir el templo, y les devuelve los utensilios sagrados que Nabucodonosor se había llevado Esdras 1:1-4. Con ese edicto terminan las Crónicas 2 Crónicas 36:22-23. Isaías llama a Ciro «ungido» de Yahvé: un rey pagano elegido para cumplir el plan de Dios, aunque no lo conozca Isaías 45:1-4.
Judá, provincia persa: Darío, Esdras y Nehemías
La reconstrucción del templo encuentra oposición y se detiene. Se retoma bajo Darío I y se termina en su sexto año (515 a.C.) Esdras 6:14-15. Décadas después, Nehemías, copero del rey Artajerjes en Susa, obtiene permiso y cartas del rey para reconstruir las murallas de Jerusalén Nehemías 2:1-8, y es nombrado gobernador de Judá Nehemías 5:14. Esdras llega con autoridad del mismo rey para enseñar y aplicar la ley de Dios Esdras 7:11-14.
Ester y Daniel en la corte persa de Susa
El libro de Ester sucede en la corte de Asuero (Jerjes I) en Susa Ester 1:1-3. En ella hay intrigas: dos eunucos del rey, Bigtán y Teres, conspiran para matarlo, y Mardoqueo los descubre Ester 2:21-23. Daniel y Ester insisten en un rasgo de la ley persa: una vez firmada por el rey, no puede revocarse Daniel 6:8. En Ester, ese detalle obliga a publicar un segundo decreto para contrarrestar el primero Ester 8:8.
El fin de los persas
Daniel describe la sucesión de imperios con imágenes: el carnero de dos cuernos, Media y Persia, es derribado por un macho cabrío, Grecia Daniel 8:20-21.
En el Nuevo Testamento, los persas ya no aparecen con ese nombre, pero sí sus herederos: entre los que oyen a los apóstoles en Pentecostés hay «partos, medos y elamitas» Hechos 2:9, judíos y prosélitos venidos del antiguo territorio del imperio.