De ningún otro de los profetas que dan nombre a un libro se sabe tanto. El libro de Jeremías no solo reúne sus oráculos: cuenta dónde lo encerraron, quién lo defendió, quién intentó matarlo, qué le dijo el rey a escondidas y qué sentía cuando no podía más. Y el tiempo que le tocó vivir fue el más dramático de la historia de Judá: los cuarenta años que van de la reforma de Josías a la destrucción de Jerusalén y del templo en 587/586 a.C.
En ese tiempo el mapa del poder cambia por completo. Asiria, que había dominado la región durante más de un siglo, se hunde: Nínive cae en 612 a.C. Egipto intenta ocupar su lugar y es derrotado por Babilonia en Carquemis en 605. Desde entonces Judá es un reino pequeño entre dos potencias, y su corte se divide entre someterse a Babilonia o apostar por Egipto. Jeremías sostiene, contra casi todos, que la sumisión a Babilonia es la voluntad de Dios.
En 597 a.C. Nabucodonosor toma Jerusalén y deporta a Babilonia al joven rey Joaquín, a la corte y a miles de habitantes; en su lugar pone a Sedequías 2 Reyes 24:10-17. Los años siguientes están llenos de planes de rebelión, y de profetas que anuncian que el yugo de Babilonia se romperá pronto.
Jeremías se pone al cuello coyundas y un yugo de madera, y con él recibe a los mensajeros de Edom, Moab, Amón, Tiro y Sidón que han venido a conspirar con Sedequías: todas esas naciones, dice, deben someterse al rey de Babilonia Jeremías 27:2-8. En el templo le sale al paso el profeta Hananías, hijo de Azur, que anuncia en nombre de Dios que en dos años volverán los utensilios del templo y los deportados. Delante de todos, le quita el yugo del cuello y lo rompe Jeremías 28:1-4 Jeremías 28:10-11.
La primera respuesta de Jeremías es un «amén» irónico: ojalá sea así. Pero recuerda que el profeta que anuncia paz solo queda acreditado cuando su palabra se cumple Jeremías 28:6-9. Más tarde vuelve con otro mensaje: Hananías ha roto yugos de madera y en su lugar habrá yugos de hierro; y morirá ese mismo año. Hananías muere en el séptimo mes Jeremías 28:13-17.
En esos mismos años, Jeremías escribe una carta a los desterrados en Babilonia. No les dice que resistan ni que esperen un regreso inmediato, sino lo contrario: que edifiquen casas, planten huertos, se casen y tengan hijos, y que busquen la paz de la ciudad donde están y oren por ella, porque en su paz tendrán ellos paz Jeremías 29:4-7. El regreso llegará, pero cuando se cumplan setenta años Jeremías 29:10.
Un libro con dos formas
Cómo lo recuerda la Biblia
Crónicas hace de Jeremías la voz que la monarquía no quiso escuchar: Sedequías cayó porque no se humilló ante él 2 Crónicas 36:12, y el destierro dura los setenta años que él anunció 2 Crónicas 36:21. Esdras abre con el decreto de Ciro como cumplimiento de su palabra Esdras 1:1, y en el libro de Daniel el profeta lee en los libros de Jeremías el número de los años de la desolación y ora a partir de él Daniel 9:2.
En el Nuevo Testamento, cuando Jesús pregunta quién dice la gente que es, algunos responden que Jeremías Mateo 16:14. Al purificar el templo, Jesús toma de él la expresión «cueva de ladrones» Jeremías 7:11 Mateo 21:13. Y la carta a los Hebreos cita completo el anuncio del nuevo pacto para decir que el primero ha quedado antiguo Hebreos 8:8-13.