En la visión de su llamamiento, Ezequiel ve una mano extendida hacia él con un rollo de libro. Se lo despliegan delante: está escrito por delante y por detrás, y lo que tiene escrito son «endechas y lamentaciones y ayes» Ezequiel 2:9-10. Lo normal era escribir un rollo solo por la cara interior; este está lleno por las dos.
La orden es inesperada: «Hijo de hombre, come lo que hallas; come este rollo, y ve y habla a la casa de Israel». Ezequiel abre la boca, y Dios le da a comer el rollo; y en su boca es «dulce como miel» Ezequiel 3:1-3. Después le manda ir y hablar a Israel con sus palabras Ezequiel 3:4.