De ningún otro de los profetas que dan nombre a un libro se sabe tanto. El libro de Jeremías no solo reúne sus oráculos: cuenta dónde lo encerraron, quién lo defendió, quién intentó matarlo, qué le dijo el rey a escondidas y qué sentía cuando no podía más. Y el tiempo que le tocó vivir fue el más dramático de la historia de Judá: los cuarenta años que van de la reforma de Josías a la destrucción de Jerusalén y del templo en 587/586 a.C.
En ese tiempo el mapa del poder cambia por completo. Asiria, que había dominado la región durante más de un siglo, se hunde: Nínive cae en 612 a.C. Egipto intenta ocupar su lugar y es derrotado por Babilonia en Carquemis en 605. Desde entonces Judá es un reino pequeño entre dos potencias, y su corte se divide entre someterse a Babilonia o apostar por Egipto. Jeremías sostiene, contra casi todos, que la sumisión a Babilonia es la voluntad de Dios.
Durante una pausa del asedio, Jeremías intenta salir de la ciudad hacia la tierra de Benjamín. En la puerta lo detienen acusado de pasarse a los caldeos; los príncipes lo golpean y lo encierran en una mazmorra en casa del escriba Jonatán Jeremías 37:11-16. Sedequías lo manda sacar en secreto y le pregunta si hay palabra de Dios. La hay: será entregado en manos del rey de Babilonia Jeremías 37:17. Aun así, el rey lo traslada al patio de la cárcel y ordena que le den cada día una torta de pan, mientras haya pan en la ciudad Jeremías 37:21.
Allí Jeremías sigue diciendo que el que se quede en la ciudad morirá y el que se rinda a los caldeos vivirá. Los príncipes piden su muerte, porque desmoraliza a los soldados, y Sedequías responde que está en sus manos Jeremías 38:1-5. Lo bajan con sogas a la cisterna de Malquías, que no tiene agua sino lodo, y Jeremías se hunde en él Jeremías 38:6.
Lo salva un extranjero. Ebed-melec, un etíope eunuco de la casa real, va a ver al rey y le dice que Jeremías morirá de hambre allí. Con treinta hombres, trapos viejos y sogas, lo sacan de la cisterna Jeremías 38:7-13. Sedequías lo llama una vez más en secreto y le pide la verdad. Jeremías se la da: si se rinde, él y la ciudad vivirán; si no, la ciudad será quemada. El rey confiesa que teme a los judíos que ya se han pasado a los babilonios, y le pide que nadie sepa de qué han hablado Jeremías 38:14-26.
Un libro con dos formas
Cómo lo recuerda la Biblia
Crónicas hace de Jeremías la voz que la monarquía no quiso escuchar: Sedequías cayó porque no se humilló ante él 2 Crónicas 36:12, y el destierro dura los setenta años que él anunció 2 Crónicas 36:21. Esdras abre con el decreto de Ciro como cumplimiento de su palabra Esdras 1:1, y en el libro de Daniel el profeta lee en los libros de Jeremías el número de los años de la desolación y ora a partir de él Daniel 9:2.
En el Nuevo Testamento, cuando Jesús pregunta quién dice la gente que es, algunos responden que Jeremías Mateo 16:14. Al purificar el templo, Jesús toma de él la expresión «cueva de ladrones» Jeremías 7:11 Mateo 21:13. Y la carta a los Hebreos cita completo el anuncio del nuevo pacto para decir que el primero ha quedado antiguo Hebreos 8:8-13.