De ningún otro de los profetas que dan nombre a un libro se sabe tanto. El libro de Jeremías no solo reúne sus oráculos: cuenta dónde lo encerraron, quién lo defendió, quién intentó matarlo, qué le dijo el rey a escondidas y qué sentía cuando no podía más. Y el tiempo que le tocó vivir fue el más dramático de la historia de Judá: los cuarenta años que van de la reforma de Josías a la destrucción de Jerusalén y del templo en 587/586 a.C.
En ese tiempo el mapa del poder cambia por completo. Asiria, que había dominado la región durante más de un siglo, se hunde: Nínive cae en 612 a.C. Egipto intenta ocupar su lugar y es derrotado por Babilonia en Carquemis en 605. Desde entonces Judá es un reino pequeño entre dos potencias, y su corte se divide entre someterse a Babilonia o apostar por Egipto. Jeremías sostiene, contra casi todos, que la sumisión a Babilonia es la voluntad de Dios.
Josías muere en 609 a.C. en Meguido, en combate contra el faraón Necao 2 Reyes 23:29. Jeremías lo lamenta, y Crónicas recuerda esos lamentos como el origen de una costumbre que se mantenía «hasta hoy» 2 Crónicas 35:25. Al comienzo del reinado de su hijo Joacim, Jeremías se pone en el atrio del templo y habla a todos los que vienen a adorar Jeremías 26:1-2.
El mensaje, que el capítulo 7 conserva más extenso, es una advertencia contra la seguridad religiosa. No sirve repetir «templo de Jehová, templo de Jehová, templo de Jehová» mientras se roba, se mata, se jura en falso y se sigue a otros dioses Jeremías 7:4 Jeremías 7:9-10. La casa se ha vuelto una cueva de ladrones Jeremías 7:11. Y la amenaza tiene un precedente que todos conocían: id a Silo, donde estuvo antes el santuario, y ved lo que hice con él; lo mismo haré con esta casa Jeremías 7:12-14 Jeremías 26:6.
Los sacerdotes, los profetas y el pueblo lo agarran: «de cierto morirás» Jeremías 26:8-9. Se celebra una especie de juicio a la entrada de la puerta nueva. Jeremías no se retracta; dice que Dios lo ha enviado y que su sangre inocente caerá sobre la ciudad Jeremías 26:12-15. Los príncipes y el pueblo concluyen que no merece la muerte, y algunos ancianos recuerdan un precedente a su favor: un siglo antes, Miqueas de Moreset había anunciado que Sion sería arada como un campo, y el rey Ezequías no lo mató, sino que buscó a Dios Jeremías 26:16-19.
El capítulo añade otro caso que muestra lo que estaba en juego. Un profeta llamado Urías, hijo de Semaías, de Quiriat-jearim, anunció lo mismo que Jeremías; huyó a Egipto, pero Joacim lo hizo traer y lo mató a espada Jeremías 26:20-23. Jeremías se salvó porque lo protegía Ahicam, hijo de Safán Jeremías 26:24, de una familia de funcionarios que volverá a aparecer a su lado.
Un libro con dos formas
Cómo lo recuerda la Biblia
Crónicas hace de Jeremías la voz que la monarquía no quiso escuchar: Sedequías cayó porque no se humilló ante él 2 Crónicas 36:12, y el destierro dura los setenta años que él anunció 2 Crónicas 36:21. Esdras abre con el decreto de Ciro como cumplimiento de su palabra Esdras 1:1, y en el libro de Daniel el profeta lee en los libros de Jeremías el número de los años de la desolación y ora a partir de él Daniel 9:2.
En el Nuevo Testamento, cuando Jesús pregunta quién dice la gente que es, algunos responden que Jeremías Mateo 16:14. Al purificar el templo, Jesús toma de él la expresión «cueva de ladrones» Jeremías 7:11 Mateo 21:13. Y la carta a los Hebreos cita completo el anuncio del nuevo pacto para decir que el primero ha quedado antiguo Hebreos 8:8-13.