El año cuarto del rey Joacim, Dios manda a Jeremías tomar un rollo y escribir en él todas las palabras que le ha dicho contra Israel, contra Judá y contra las naciones, desde los días de Josías: quizá, al oír todo el mal que va a venir, se vuelvan cada uno de su mal camino Jeremías 36:1-3. Jeremías llama a Baruc hijo de Nerías, que escribe en el rollo lo que Jeremías le dicta Jeremías 36:4. Como Jeremías está impedido de entrar en el templo, envía a Baruc a leerlo en un día de ayuno, ante todo el pueblo Jeremías 36:5-6.
Baruc lo lee en la cámara de Gemarías, en el atrio de arriba del templo Jeremías 36:9-10. Los príncipes, avisados, lo mandan llamar y le piden que lo lea ante ellos; al oírlo, se miran con miedo y deciden contárselo al rey, pero antes preguntan a Baruc cómo lo escribió —«él me dictaba de su boca… y yo escribía con tinta en el libro»— y le aconsejan esconderse con Jeremías Jeremías 36:11-19.
Es el mes noveno, y el rey está sentado en la casa de invierno con un brasero encendido delante. Jehudí lee el rollo ante él, y cada vez que ha leído tres o cuatro columnas, el rey las corta con el cortaplumas del escriba y las echa al fuego, hasta que el rollo entero se consume Jeremías 36:21-23. Ni el rey ni sus siervos tienen miedo ni rasgan sus vestidos, aunque tres de los príncipes le habían rogado que no lo quemara Jeremías 36:24-25.
Dios manda entonces a Jeremías tomar otro rollo y escribir en él todas las palabras del primero Jeremías 36:27-28. Baruc lo escribe de nuevo al dictado, «y aun fueron añadidas sobre ellas muchas otras palabras semejantes» Jeremías 36:32.