Deuteronomio cuenta que, cuando Moisés terminó de escribir las palabras de la Ley en un libro, mandó a los levitas que lo pusieran al lado del arca de la alianza, «y esté allí por testigo contra ti» Deuteronomio 31:24-26.
Siglos después, mientras se reparaba el templo en tiempos del rey Josías, el sumo sacerdote Hilcías dice al escriba Safán: «He hallado el libro de la ley en la casa de Jehová». Safán lo lee, lo lleva al rey y lo lee delante de él; al oír las palabras del libro, el rey rasga sus vestidos 2 Reyes 22:8-11. Ese rollo encontrado pone en marcha la reforma de Josías.