Sara muere a los ciento veintisiete años en Hebrón Génesis 23:1-2. Y Abraham, que ha vivido más de sesenta años en la tierra prometida sin poseer una sola parcela, tiene que hacer su primera compra de terreno: quiere sepultar a su mujer y no tiene dónde.
La escena de la negociación con los heteos es un tratado breve de cortesía oriental Génesis 23:3-16. Los heteos se lo ofrecen todo gratis; Abraham insiste en pagar. Ellos ceden el mejor sepulcro; él insiste en pagar. Efrón dice «te doy el campo y la cueva»; Abraham pide precio. Efrón, al fin, sugiere una cifra alta —cuatrocientos siclos de plata— con la fórmula «entre tú y yo, ¿qué es eso?». Abraham pesa la plata sin discutir Génesis 23:15-16. Compra el campo, la cueva y todos los árboles Génesis 23:17-18. Sepulta a Sara en la cueva de Macpela Génesis 23:19. La única propiedad de Abraham en la tierra prometida acaba siendo una tumba.
Ya viejo, hace jurar a su siervo más antiguo que no tomará esposa para Isaac de entre las cananeas, sino que irá a la tierra de su parentela Génesis 24:1-4. El siervo cumple la misión y trae a Rebeca de Mesopotamia; Isaac la recibe en la tienda de Sara y la ama Génesis 24:67.
Abraham toma otra mujer, Cetura, y tiene con ella otros seis hijos —Zimram, Jocsán, Medán, Madián, Isbac y Súa Génesis 25:1-2. Pero a Isaac le deja todo lo suyo, y a los hijos de las concubinas los envía lejos, al oriente, con dones Génesis 25:5-6. Divide en vida para que Isaac herede sin disputa.
Muere a los ciento setenta y cinco años, «en buena vejez, anciano y lleno de años», y se le junta a su pueblo Génesis 25:7-8. Lo sepultan sus dos hijos —Isaac e Ismael, juntos, después de tantos años— en la cueva de Macpela, junto a Sara Génesis 25:9-10. Es la última escena en que los dos hijos coinciden en el relato.