Las señales del duelo
En el mundo bíblico, el dolor se mostraba con el cuerpo, en público. Las señales eran muy reconocibles:
- Rasgar los vestidos. Es lo primero que hace Jacob al ver la túnica de José Génesis 37:34-35, y David y sus hombres al saber de la muerte de Saúl y Jonatán 2 Samuel 1:11-12.
- Vestir cilicio, una tela áspera de pelo de cabra, en lugar de la ropa normal.
- Echarse polvo o ceniza en la cabeza y sentarse en el suelo. Los amigos de Job, al verlo, alzan la voz y lloran, rasgan su manto, esparcen polvo sobre sus cabezas y se sientan con él en tierra siete días y siete noches, sin decir nada, «porque veían que su dolor era muy grande» Job 2:12-13.
- Raparse la cabeza y postrarse, como Job al perderlo todo Job 1:20.
- Ayunar: David y los suyos lloraron y ayunaron hasta la noche 2 Samuel 1:11-12.
Cuánto duraba
El duelo normal duraba siete días. Al llevar a Jacob a enterrar en Canaán, José «hizo a su padre duelo por siete días» Génesis 50:10. Por los grandes dirigentes se lloraba más: treinta días por Aarón Números 20:29 y treinta por Moisés Deuteronomio 34:8.
Lamentos y plañideras
El duelo se expresaba también con cantos. David compone una endecha por Saúl y Jonatán, con el estribillo «¡Cómo han caído los valientes!» 2 Samuel 1:17-27. En las grandes desgracias se llamaba a mujeres expertas en lamentar. Jeremías lo pide para Jerusalén: «Llamad plañideras que vengan… y den prisa, y levanten llanto por nosotros, y desháganse nuestros ojos en lágrimas» Jeremías 9:17-18. En casa de Jairo, cuando Jesús llega, ya hay «alboroto y los que lloraban y lamentaban mucho» Marcos 5:38-39; Mateo menciona a los que tocaban la flauta (9:23).
El llanto y la esperanza
La Biblia no pide reprimir el dolor. Ante la tumba de Lázaro, al ver llorar a María y a los que la acompañaban, Jesús «se estremeció en espíritu y se conmovió», y «lloró» Juan 11:33-35, aunque iba a resucitarlo. Y entre las bienaventuranzas está: «Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación» Mateo 5:4.
Lo que cambia es el horizonte. Pablo escribe a los tesalonicenses que no se entristezcan «como los otros que no tienen esperanza. Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él» 1 Tesalonicenses 4:13-14. No les pide que no lloren, sino que lloren con esperanza.