Descender al Seol
Cuando Jacob cree que José ha muerto, se niega a ser consolado: «Descenderé enlutado a mi hijo hasta el Seol» Génesis 37:35. Es la primera mención, y ya muestra lo esencial: el Seol está abajo, se «desciende» a él, y es el destino de todos, también del patriarca justo. No es un castigo; es lo que le espera a cualquiera que muere.
El Antiguo Testamento lo pinta con pocos trazos, casi siempre poéticos: es una tierra de sombras y de polvo, donde «no hay obra, ni trabajo, ni ciencia, ni sabiduría» Eclesiastés 9:10. Isaías imagina a los muertos de allí despertando para recibir al rey de Babilonia caído: «¿Tú también te debilitaste como nosotros?» Isaías 14:9-11. Los muertos son refaím, sombras sin fuerza.
Lejos de la alabanza
Lo que más angustia a los salmistas del Seol no es el dolor, sino la separación del culto: «Porque en la muerte no hay memoria de ti; en el Seol, ¿quién te alabará?» Salmos 6:5. La vida es el tiempo de alabar a Dios, y la muerte lo interrumpe.
Pero hay otra nota. El Salmo 139 afirma que no hay lugar fuera del alcance de Dios: «Si subiere a los cielos, allí estás tú; y si en el Seol hiciere mi estrado, he aquí, allí tú estás» Salmos 139:8. Y algunos textos dejan entrever una esperanza: Dios «hace descender al Seol, y hace subir» 1 Samuel 2:6.
Hacia la resurrección
La idea de la muerte evoluciona dentro de la Biblia. En uno de los libros más tardíos del Antiguo Testamento, Daniel, aparece con claridad la resurrección: «muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua» Daniel 12:2. Ya no todos corren la misma suerte para siempre. En tiempos de Jesús, los fariseos creían en la resurrección y los saduceos, que se atenían a la Ley, la negaban.
Hades y Gehena en el Nuevo Testamento
El Nuevo Testamento usa dos palabras distintas que las traducciones antiguas suelen verter por «infierno».
Hades es el equivalente griego del Seol: el lugar de los muertos. Pedro cita el Salmo 16 —«no dejarás mi alma en el Hades»— y lo aplica a la resurrección de Jesús Hechos 2:27-31; el Cristo resucitado tiene «las llaves de la muerte y del Hades» Apocalipsis 1:18. En la parábola del rico y Lázaro, el rico está «en el Hades» en tormentos Lucas 16:23, lo que muestra que la imagen ya incluía, en algunos textos, la separación entre justos y malvados.
Gehena es otra cosa: el lugar del castigo. El nombre viene del valle de Hinom, junto a Jerusalén, donde en tiempos de los reyes se habían quemado niños en sacrificio Jeremías 7:31, y que se convirtió en imagen del fuego del juicio. Jesús habla de ser echado «al infierno, al fuego que no puede ser apagado», y la palabra es Gehena Marcos 9:43-48.