Ezequiel pasa su vida adulta a casi mil kilómetros de Jerusalén en línea recta, pero no habla de otra cosa. Es sacerdote, formado para servir en el templo, y le toca vivir el destierro antes que la mayoría: sale de Judá con la primera gran deportación, la de 597 a.C., junto al rey Joaquín, su corte, los soldados y los artesanos 2 Reyes 24:14-15. Desde entonces, él y los demás deportados viven en Babilonia sabiendo que en Jerusalén sigue habiendo rey, templo y gente que cree que lo peor ya ha pasado.
El libro que lleva su nombre es el más ordenado de los proféticos. Está escrito casi entero en primera persona y trae fechas precisas, contadas desde el año de la deportación del rey Joaquín. Gracias a ellas se puede seguir la vida del profeta casi mes a mes, y ver cómo su mensaje cambia de golpe el día en que llega la noticia de la caída de Jerusalén.
El primer encargo de Ezequiel no es hablar sino callar. Queda atado en su casa y con la lengua pegada al paladar, sin poder reprender al pueblo; solo abrirá la boca cuando Dios le dé una palabra que transmitir Ezequiel 3:24-27. Lo que hace, en cambio, se ve.
Toma un ladrillo, dibuja en él Jerusalén y le pone sitio en miniatura, con torres, terraplén, campamentos y arietes; entre él y la ciudad coloca una plancha de hierro como un muro Ezequiel 4:1-3. Después se acuesta sobre el lado izquierdo trescientos noventa días, por los años de la maldad de Israel, y cuarenta sobre el derecho, por los de Judá: cada día vale por un año Ezequiel 4:4-6. Mientras tanto come una ración medida de pan de varios granos, como en una ciudad sitiada. Se le ordena cocerlo sobre excremento humano; él protesta que nunca ha comido nada impuro, y Dios le concede usar estiércol de vaca Ezequiel 4:9-15.
Luego se afeita la cabeza y la barba con una espada y divide el pelo en tres partes: una la quema, otra la corta a espada alrededor de la ciudad dibujada y otra la esparce al viento. Así morirá la población de Jerusalén: por hambre y peste, a espada o dispersa Ezequiel 5:1-2 Ezequiel 5:12. Más adelante, prepara a la vista de todos el equipaje de un deportado, abre un boquete en la pared de su casa y sale por él al anochecer con la cara cubierta: lo mismo hará el príncipe de Jerusalén Ezequiel 12:3-7 Ezequiel 12:12.
Una profecía corregida por el propio libro
El último oráculo fechado de Ezequiel, del año 571 a.C., es también uno de los más llamativos. Años antes había anunciado que Nabucodonosor destruiría Tiro y que la ciudad no sería reedificada nunca Ezequiel 26:7-14. Ahora reconoce que el rey de Babilonia y su ejército trabajaron duramente contra Tiro «y ni para él ni para su ejército hubo paga», y anuncia que Dios le dará Egipto como salario Ezequiel 29:17-20.
Cómo lo recuerda la Biblia
Fuera de su libro, ningún texto bíblico nombra a Ezequiel. Sus imágenes, en cambio, reaparecen con frecuencia. Jesús se presenta como el buen pastor que busca a sus ovejas y habla de un solo rebaño y un solo pastor, lenguaje muy cercano al de Ezequiel 34 Juan 10:11 Juan 10:16. Pablo usa su promesa de que Dios habitará con su pueblo 2 Corintios 6:16. Y el Apocalipsis está construido en buena parte con sus visiones: los cuatro seres vivientes alrededor del trono Apocalipsis 4:6-8, el librito que el vidente come y le sabe dulce como la miel Apocalipsis 10:9-10, Gog y Magog Apocalipsis 20:8 Ezequiel 38:2, la ciudad medida con una caña y el río de agua de vida Apocalipsis 21:15 Apocalipsis 22:1-2.