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Ezequiel y el valle de los huesos secos

Ez 37 Ezequiel 37:1-14

Antiguo Testamento Ezequiel Deportado en 597 a.C.; profetiza entre 593 y 571 a.C. en Babilonia (Ezequiel 1:2; Ezequiel 29:17). 14 versículos

§ La escena

Ezequiel pasa su vida adulta a casi mil kilómetros de Jerusalén en línea recta, pero no habla de otra cosa. Es sacerdote, formado para servir en el templo, y le toca vivir el destierro antes que la mayoría: sale de Judá con la primera gran deportación, la de 597 a.C., junto al rey Joaquín, su corte, los soldados y los artesanos 2 Reyes 24:14-15. Desde entonces, él y los demás deportados viven en Babilonia sabiendo que en Jerusalén sigue habiendo rey, templo y gente que cree que lo peor ya ha pasado.

El libro que lleva su nombre es el más ordenado de los proféticos. Está escrito casi entero en primera persona y trae fechas precisas, contadas desde el año de la deportación del rey Joaquín. Gracias a ellas se puede seguir la vida del profeta casi mes a mes, y ver cómo su mensaje cambia de golpe el día en que llega la noticia de la caída de Jerusalén.

Con la noticia de la caída, el tono del libro cambia. Los desterrados ya no se hacen ilusiones; ahora el problema es el contrario: «nuestros huesos se secaron, y pereció nuestra esperanza» Ezequiel 37:11. A ese pueblo se dirige Ezequiel con promesas: Dios mismo buscará a sus ovejas y pondrá sobre ellas un solo pastor, «mi siervo David» Ezequiel 34:11-12 Ezequiel 34:23; les quitará el corazón de piedra y les dará un corazón de carne y un espíritu nuevo Ezequiel 36:26-27.

La imagen más recordada es la del valle de los huesos. El espíritu deja a Ezequiel en medio de un valle lleno de huesos muy secos, y Dios le pregunta si pueden vivir. «Tú lo sabes», responde Ezequiel 37:1-3. Se le manda profetizar sobre ellos, y los huesos se juntan, se cubren de tendones, de carne y de piel; pero no hay espíritu en ellos hasta que profetiza al viento, y entonces viven y se ponen en pie, un ejército enorme Ezequiel 37:7-10. La explicación va a continuación: esos huesos son la casa de Israel, y Dios abrirá sus sepulcros y los hará volver a su tierra Ezequiel 37:11-14.

Enseguida viene otra acción simbólica: dos varas, una con el nombre de Judá y otra con el de José, que se hacen una sola en su mano. Los dos reinos, separados desde la muerte de Salomón, volverán a ser un solo pueblo Ezequiel 37:15-22.

Una profecía corregida por el propio libro

El último oráculo fechado de Ezequiel, del año 571 a.C., es también uno de los más llamativos. Años antes había anunciado que Nabucodonosor destruiría Tiro y que la ciudad no sería reedificada nunca Ezequiel 26:7-14. Ahora reconoce que el rey de Babilonia y su ejército trabajaron duramente contra Tiro «y ni para él ni para su ejército hubo paga», y anuncia que Dios le dará Egipto como salario Ezequiel 29:17-20.

Cómo lo recuerda la Biblia

Fuera de su libro, ningún texto bíblico nombra a Ezequiel. Sus imágenes, en cambio, reaparecen con frecuencia. Jesús se presenta como el buen pastor que busca a sus ovejas y habla de un solo rebaño y un solo pastor, lenguaje muy cercano al de Ezequiel 34 Juan 10:11 Juan 10:16. Pablo usa su promesa de que Dios habitará con su pueblo 2 Corintios 6:16. Y el Apocalipsis está construido en buena parte con sus visiones: los cuatro seres vivientes alrededor del trono Apocalipsis 4:6-8, el librito que el vidente come y le sabe dulce como la miel Apocalipsis 10:9-10, Gog y Magog Apocalipsis 20:8 Ezequiel 38:2, la ciudad medida con una caña y el río de agua de vida Apocalipsis 21:15 Apocalipsis 22:1-2.

§ Escenas alrededor · Ezequiel