Sin marido, sin tierra, sin voz
En el Israel antiguo, una mujer dependía de un varón: primero del padre, después del marido, y a la muerte de este, de los hijos varones adultos. La viuda sin hijos mayores quedaba sin sustento y sin quien la defendiera ante los ancianos de la ciudad. Noemí, que ha perdido al marido y a los dos hijos en Moab, vuelve a Belén y pide que no la llamen Noemí —«agradable»— sino Mara —«amarga»—: «Yo me fui llena, pero Jehová me ha vuelto con las manos vacías» Rut 1:20-21. Instituciones como el levirato y el pariente redentor existían para cubrir ese vacío.
Dios, padre de huérfanos
La Ley no solo pide compasión: amenaza. «A ninguna viuda ni huérfano afligiréis. Porque si tú llegas a afligirles, y ellos clamaren a mí, ciertamente oiré yo su clamor» Éxodo 22:22-24. Dios se presenta como el que «hace justicia al huérfano y a la viuda» y ama al extranjero Deuteronomio 10:17-18; un salmo lo llama «padre de huérfanos y defensor de viudas» Salmos 68:5.
La protección tiene forma concreta. El diezmo del tercer año se guarda en la ciudad para el levita, el extranjero, el huérfano y la viuda Deuteronomio 14:28-29; no se toma en prenda el vestido de la viuda, y lo que queda en el campo, el olivo y la viña tras la cosecha es para ellos Deuteronomio 24:17-21.
Por eso los profetas miden a los gobernantes por su trato a la viuda. Isaías acusa a los príncipes de Jerusalén: «no hacen justicia al huérfano, ni llega a ellos la causa de la viuda» Isaías 1:23.
Viudas en la historia
Algunas viudas tienen papeles decisivos. En plena sequía, Dios envía a Elías a una viuda de Sarepta, en tierra fenicia, que solo tiene un puñado de harina y un poco de aceite; comparte lo último con el profeta y la harina no escasea 1 Reyes 17:8-16. Jesús recordará en Nazaret que había muchas viudas en Israel, pero Elías fue enviado a una extranjera Lucas 4:25-26.
En los evangelios
Lucas presta especial atención a las viudas. Jesús se compadece de la viuda de Naín, que lleva a enterrar a su único hijo, y se lo devuelve vivo Lucas 7:11-15. Pone como ejemplo de perseverancia a una viuda que no deja de reclamar justicia ante un juez injusto hasta que este cede Lucas 18:1-5. Y denuncia a los escribas que «devoran las casas de las viudas», justo antes de fijarse en una viuda pobre que echa en la ofrenda del templo dos blancas, «todo su sustento» Marcos 12:40-44.
La iglesia y las viudas
El primer conflicto interno de la iglesia de Jerusalén es por las viudas: los creyentes de habla griega se quejan de que las suyas son desatendidas en la distribución diaria, y se nombra a siete hombres para ese servicio Hechos 6:1-3. Las cartas a Timoteo regulan qué viudas debe sostener la iglesia: las que están verdaderamente solas 1 Timoteo 5:3-5. Y Santiago lo resume: la religión pura y sin mácula es «visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones» Santiago 1:27.