La comunidad de Jerusalén crece, y con ella una queja: los creyentes de lengua griega, los helenistas, murmuran contra los de lengua hebrea porque sus viudas quedan desatendidas en la distribución diaria Hechos 6:1. Los doce reúnen a todos y proponen que la comunidad elija a siete varones de buen testimonio, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, para encargarse de ese servicio, mientras ellos se dedican a la oración y a la palabra Hechos 6:2-4.
El primero de la lista es «Esteban, varón lleno de fe y del Espíritu Santo», seguido de Felipe, Prócoro, Nicanor, Timón, Parmenas y Nicolás, un prosélito de Antioquía. Los presentan a los apóstoles, que oran y les imponen las manos Hechos 6:5-6. Este Felipe no es el apóstol, sino el que después será llamado «el evangelista» Hechos 21:8. Ver apóstol.
Su papel dentro de la Biblia
Esteban es el primer creyente en Jesús que muere por su fe, y su muerte es un punto de giro en Hechos. Hasta entonces, la iglesia vive en Jerusalén y alrededor del templo; después, se dispersa y el anuncio sale hacia Samaria, la costa y las naciones. Su discurso prepara el terreno para esa salida: Dios no está encerrado en un lugar. Y en la escena de su muerte aparece por primera vez Saulo, el futuro Pablo, que años después lo recordará con pesar: «cuando se derramaba la sangre de Esteban tu testigo, yo también estaba presente, y consentía» Hechos 22:20.