Esteban, «lleno de gracia y de poder», hace grandes prodigios y señales entre el pueblo Hechos 6:8. Unos miembros de la sinagoga llamada de los libertos, con judíos de Cirene, de Alejandría, de Cilicia y de Asia, se ponen a discutir con él, «pero no podían resistir a la sabiduría y al Espíritu con que hablaba» Hechos 6:9-10.
Entonces sobornan a unos hombres para que digan que lo han oído hablar palabras blasfemas contra Moisés y contra Dios. Soliviantan al pueblo, a los ancianos y a los escribas, lo arrastran ante el concilio y presentan testigos falsos: este hombre no cesa de hablar contra este lugar santo y contra la ley; le hemos oído decir que Jesús de Nazaret destruirá este lugar y cambiará las costumbres que nos dio Moisés Hechos 6:11-14. Todos los del concilio, al mirarlo, ven su rostro «como el rostro de un ángel» Hechos 6:15. Ver el sanedrín.
Su papel dentro de la Biblia
Esteban es el primer creyente en Jesús que muere por su fe, y su muerte es un punto de giro en Hechos. Hasta entonces, la iglesia vive en Jerusalén y alrededor del templo; después, se dispersa y el anuncio sale hacia Samaria, la costa y las naciones. Su discurso prepara el terreno para esa salida: Dios no está encerrado en un lugar. Y en la escena de su muerte aparece por primera vez Saulo, el futuro Pablo, que años después lo recordará con pesar: «cuando se derramaba la sangre de Esteban tu testigo, yo también estaba presente, y consentía» Hechos 22:20.